sábado, 20 de febrero de 2010

http://www.aporrea.org/ideologia/a95415.html

miércoles, 4 de noviembre de 2009

Sin Plusvalía habría Recesión
(A mayor Jornada laboral más PIB)
Manuel C. Martínez M.
03 nov. 09

Cuando afirmamos que sin plusvalía habría recesión ni remotamente podríamos estar justificando la explotación de los asalariados, por favor. Por el contrario pasaremos a exponer cómo ellos también son coexplotados por el resto de la sociedad, es decir por sus gobernantes, por los demás patronos y, para colmo de las contradicciones, por los demás asalariados locales, regionales y mundiales en su conjunto.
Es que los asalariados, además de trabajar horas extras no remuneradas porque estas están falsamente incluidas en la paga convenida por patronos y trabajadores, durante esas horas de labor excedentarias los trabajadores del capitalismo emplean complementariamente una significativa parte de los medios de producción que de otra manera se mantendrían ociosos, y de perogrullo, sin tales horas de plusvaloración el PIB de todos los países se vendría en picado. También es válida la proposición en contrario porque con más horas diarias de trabajo, ordinarias y/o extraordinarias se logra un mayor empleo de todos los recursos económicos, dentro de una constancia en todas las demás condiciones concomitantes.
Digamos que todo plusvalor tiene un “valor” constituido por capital constante del patrono y por “capital” no menos “constante” de un trabajador que por hallarse descapitalizado no sólo no recibe paga por ese valor sobreagregado sino que tampoco le acreditan reconocimiento alguno como verdadero empresario que es.
Consecuencialmente, los productores de plusvalía no sólo son explotados mediante trabajo impago, sino que al lado de esa misma explotación sufre un despojo nacional e internacional cual filántropo involuntario que le sirve a todo el mundo a cambio de nada.
Cualquier pizca de concientización que pudieran tener los trabajadores sobre estos sucesos permitiría apoyar con bases científicas la necesidad de una unión proletaria mundial.
Aunque el asalariado lo haga sin proponérselo, o inconscientemente, con esa labor suya por concepto de trabajo excedentario aplicado a un capital ajeno no menos excedentario, está contribuyendo, gratuita, muy “solidariamente” y sin que así se le reconozca para nada, a la dinamización y crecimiento económico de cada país.
Curiosamente las reducciones de la jornada de trabajo, son vendidas como grandes conquistas sindicales y de políticos supuestamente defensores de los trabajadores, pero todas se han traducido en mermas proclives a recesiones en el PIB, particularmente cuando estas reducciones de las horas de trabajo no se compensen con un empleo paralelamente sustituto de nuevos asalariados.
Reconozcamos que el portentoso y acelerado desarrollo industrial que desde hace un par de siglos ha catapultado los Imperios transnacionales que hoy controlan el mundo como gigantescas potencias económicas y militares se debió fundamentalmente a jornadas de trabajo suficientemente generadoras de excedentes de capital derivados de una plusvalía con alta proporción respecto del capital ajeno invertido.
Las reducciones horarias pudieron factibilizarse gracias al propio desarrollo de las fuerzas productivas de esos asalariados, un desarrollo manifiesto en mejoras tecnocientíficos que produjeron mejores rendimientos en los medios de producción y con ello una mayor productividad del trabajador con cargo a la cual también este ha recibido algunas pírricas mejoras en su salario, pero, por supuesto, no como expresión de un mejor reparto de la riqueza creada por este asalariado sino, por el contrario, porque con dichas mejoras productivas el plusvalor se potenció y consecuencialmente también lo hicieron las ganancias patronales.
La mayor productividad del trabajador le permitió trabajar durante menos horas diarias y semanales. Los logros sindicales en ese aspecto no fueron más que los típicos efectos pos féstum de un sindicalismo que, ya enterado de las factibles concesiones y elasticidades patronales o gubernamentales, anuncia un paro con éxito en su reclamación y luego se atribuye para sí tales concesiones patronales.
Por supuesto, hoy esas mismas potencias económicas transnacionales confrontan el problema de un alto desempleo de su capital constante más sofisticado. Esto se les ha traducido en una virtual subcapitalización económica en grandes capitales provocadas por la escasez de mercados rentables derivada en segundo orden a la ineludible desarmonía entre capacidad productiva alcanzada y el volumen del consumo efectivo.
De allí que desde hace décadas en contradicción a la norma de la acumulación o ahorro de capitales esas potencias empezaron a darle luz verde a todo género de reivindicaciones laborales tendentes a mejoras salariales y a reducir la jornada de trabajo, particularmente en países como el nuestro a fin de robustecer la capacidad de compra de los consumidores y, como si fuera poco, para frenarles a esos países cualquier viso de peligrosa competitividad mercantil. Desde la misma Segunda Guerra Mundial optaron por aplicar ese desenfrenado y poco analizado efecto keynesiano; a ofrecernos capital para unas inversiones controladas por ellos mismos, además de otras medidas que eviten su propio hundimiento burgués.
Los gobernantes ignaros en asuntos económicos estructurales, de escaso vuelo interpretativo, carentes como están de asesores auténticamente profesionales, han caído en esa trampas o artilugios mercadotécnicos que hoy los ha llevado a defender una mejor distribución del salario, en lugar de combatirlo, a defender la proliferación de empresas burguesas nominalmente llamadas socialistas, cosas así, pero lo peor ha sido pretender desarrollar a su país con atmósfera capitalista a punta de reducciones en la jornada de trabajo y sin la garantía paralela de una suplencia laboral para las horas así liberadas. El resultado inmediato es una reducción de la oferta que deriva en una mayor carestía.
Buena parte de los incrementos industriales provenientes de nuevas empresas suele anularse con semejantes reducciones laborales. Por tal razón los trabajadores y gobernantes deben vigilar sigilosamente la garantía de que el subempleo causado por reducciones en la jornada sea inmediatamente reemplazado por nuevas fuentes de trabajo capaces de superar la recesión causada por un achicamiento de la plusvalía.

martes, 3 de noviembre de 2009

Plusvalía Recesión y PTB

Sin Plusvalía habría Recesión
(A mayor Jornada laboral más PIB)
Manuel C. Martínez M.
03 nov. 09
Cuando afirmamos que sin plusvalía habría recesión ni remotamente podríamos estar justificando la explotación de los asalariados, por favor. Por el contrario pasaremos a exponer cómo ellos también son coexplotados por el resto de la sociedad, es decir por sus gobernantes, por los demás patronos y, para colmo de las contradicciones, por los demás asalariados locales, regionales y mundiales en su conjunto.
Es que los asalariados, además de trabajar horas extras no remuneradas porque estas están falsamente incluidas en la paga convenida por patronos y trabajadores, durante esas horas de labor excedentarias los trabajadores del capitalismo emplean complementariamente una significativa parte de los medios de producción que de otra manera se mantendrían ociosos, y de perogrullo, sin tales horas de plusvaloración el PIB de todos los países se vendría en picado. También es válida la proposición en contrario porque con más horas diarias de trabajo, ordinarias y/o extraordinarias se logra un mayor empleo de todos los recursos económicos, dentro de una constancia en todas las demás condiciones concomitantes.

Digamos que todo plusvalor tiene un “valor” constituido por capital constante del patrono y por “capital” no menos “constante” de un trabajador que por hallarse descapitalizado no sólo no recibe paga por ese valor sobreagregado sino que tampoco le acreditan reconocimiento alguno como verdadero empresario que es.

Consecuencialmente, los productores de plusvalía no sólo son explotados mediante trabajo impago, sino que al lado de esa misma explotación sufre un despojo nacional e internacional cual filántropo involuntario que le sirve a todo el mundo a cambio de nada.
Cualquier pizca de concientización que pudieran tener los trabajadores s
obre estos sucesos permitiría apoyar con bases científicas la necesidad de una unión proletaria mundial.
Aunque el asalariado lo haga sin proponérselo, o inconscientemente, con esa labor suya por concepto de trabajo excedentario aplicado a un capital ajeno no menos excedentario, está contribuyendo, gratuita, muy “solidariamente” y sin que así se le reconozca para nada, a la dinamización y crecimiento económico de cada país.

Curiosamente las reducciones de la jornada de trabajo, son vendidas como grandes conquistas sindicales y de políticos supuestamente defensores de los trabajadores, pero todas se han traducido en mermas proclives a recesiones en el PTB, particularmente cuando estas reducciones de las horas de trabajo no se compensen con un empleo paralelamente sustituto de nuevos asalariados.

Reconozcamos que el portentoso y acelerado desarrollo industrial que desde hace un par de siglos ha catapultado los Imperios transnacionales que hoy controlan el mundo como gigantescas potencias económicas y militares se debió fundamentalmente a jornadas de trabajo suficientemente generadoras de excedentes de capital derivados de una plusvalía con alta proporción respecto del capital ajeno invertido.

Las reducciones horarias pudieron factibilizarse gracias al propio desarrollo de las fuerzas productivas de esos asalariados, un desarrollo manifiesto en mejoras tecnocientíficos que produjeron mejores rendimientos en los medios de producción y con ello una mayor productividad del trabajador con cargo a la cual también este ha recibido algunas pírricas mejoras en su salario, pero, por supuesto, no como expresión de un mejor reparto de la riqueza creada por este asalariado sino, por el contrario, porque con dichas mejoras productivas el plusvalor se potenció y consecuencialmente también lo hicieron las ganancias patronales.
La mayor productividad del trabajador le permitió trabajar durante menos horas diarias y semanales. Los logros sindicales en ese aspecto no fueron más que los típicos efectos pos féstum de un sindicalismo que, ya enterado de las factibles concesiones y elasticidades patronales o gubernamentales, anuncia un paro con éxito en su reclamación y luego se atribuye para sí tales concesiones patronales.
Por supuesto, hoy esas mismas potencias económicas transnacionales confrontan el problema de un alto desempleo de su capital constante más sofisticado. Esto se les ha traducido en una virtual subcapitalización económica en grandes capitales provocada por la escasez de mercados rentables derivada en segundo orden a la ineludible desarmonía entre capacidad productiva alcanzada y el volumen del consumo efectivo.

De allí que desde hace décadas en contradicción a la norma de la acumulación o ahorro de capitales esas potencias empezaron a darle luz verde a todo género de reivindicaciones laborales tendentes a mejoras salariales y a reducir la jornada de trabajo, particularmente en países como el nuestro a fin de robustecer la capacidad de compra de los consumidores y, como si fuera poco, para frenarles a esos países cualquier viso de peligrosa competitividad mercantil. Desde la misma Segunda Guerra Mundial optaron por aplicar ese desenfrenado y poco analizado efecto keynesiano; a ofrecernos capital para unas inversiones controladas por ellos mismos, además de otras medidas que eviten su propio hundimiento burgués.

Los gobernantes ignaros en asuntos económicos estructurales, de escaso vuelo interpretativo, carentes como están de asesores auténticamente profesionales, han caído en esa trampas o artilugios mercadotécnicos que hoy los ha llevado a defender una mejor distribución del salario, en lugar de combatirlo, a defender la proliferación de empresas burguesas nominalmente llamadas socialistas, cosas así, pero lo peor ha sido pretender desarrollar a su país con atmósfera capitalista a punta de reducciones en la jornada de trabajo y sin la garantía paralela de una suplencia laboral para las horas así liberadas. El resultado inmediato es una reducción de la oferta que deriva en una mayor carestía.

Buena parte de los incrementos industriales provenientes de nuevas empresas suele anularse con semejantes reducciones laborales. Por tal razón los trabajadores y gobernantes deben vigilar sigilosamente la garantía de que el subempleo causado por reducciones en la jornada sea inmediatamente reemplazado por nuevas fuentes de trabajo capaces de superar la recesión causada por un achicamiento de la plusvalía.

domingo, 18 de octubre de 2009

Plantas y Animales, Como alimentos y compañeros
(Sin ellos moriríamos de hambre y de soledad)
Manuel C. Martínez M.
18 oct. 09
Estamos convencidos de que las mejores pinturas de los mejores artistas son los paisajes donde sus protagonistas son árboles y arbustos, yerbas, hojas, aves, peces, canes, gatos, vacas, caballos y mariposas.
Convencidos también de que los modernos apartamentos familiares de propiedad horizontal serían cascarones cavernosos si en sus paredes no colgaran las pinturas, y si estas son “impresionistas” mucho mejor porque sus creadores terminan recogiendo en ellas todo el caluroso dinamismo de la vibrátil luz, única forma de reflejar físicamente la realidad material del mundo exterior.
Nos han acostumbrado a una versión idealista del mundo donde la Flora y la Fauna aparecen como objetos y no como sujetos. Y todo parece encajar armoniosamente, ya que la autovisión clasista hace que unos hombres no miren a los otros como reflejos de sí mismos sino como extraños.
Por esas contradicciones, los vegetarianos aducen no comer cadáveres, pero se alimentan de vegetales, por eso descuidamos el jardín de las calles, reducimos la vegetación, los peces y mamíferos en general, y hasta hoy en la China moderna se alimentan con fetos abortados, y en América se come sintéticos programados.
Cuando paseamos por las calles vacías, libres de esculturas, carentes de árboles y arbustos, y ni siquiera vemos un hambriento perro callejero, pareciera que estamos solitarios en un apelotonado mundo donde además de hambre estaríamos muriendo de soledad.

jueves, 15 de octubre de 2009

La Administración Pública debe Sincerar sus Nóminas Laborales
Manuel C. Martínez M.
15 oct. 09
Todos los gobiernos nacionales, estadales y municipales venezolanos, particularmente los “democráticos”, se acostumbraron inercialmente a no honrar oportunamente sus pasivos sociales, a entrar en mora sostenida y creciente por concepto de una que otra obligación debidamente contraída con los funcionarios públicos. Y lo han hecho no necesariamente por falta de recursos financieros, de ninguna manera, sino porque al gobierno central de ayer y hoy no les ha convenido ni jamás se han preocupado oportunamente por actualizar ni siquiera semestralmente esos pasivos que suelen crecer, crecer y crecer sin freno ni control social popular alguno.
Con el uso de semejante método administrativo no es difícil reconocer un sobreprecio contable que incrementa constante e irresponsablemente la Deuda Social original del Fisco Nacional. Con semejante método cunde el descontento popular, y por lo general la infidelidelidad y la impostura populares se hacen crónicas frente a todos los gobernantes que van sucediéndose al frente de semejantes procedimientos administrativos y fiscales.

Buena parte de la Deuda Pública Nacional (DP) responde a esa olímpica manera de operar: El nuevo gerente gubernamental sigue automáticamente la costumbre hallada en su personal y que fue propia de sus antecesores, se muestra ortodoxo, no introduce reforma alguna, pero la DP sigue creciendo y con ello la desidia popular nos ha llevado hasta convertirnos en verdaderos tartufos morales de cuanto gobierno aparece con cada nueva elección popular.

Es que los ciudadanos tampoco tienen razón alguna para mostrarse sinceros en la administración de sus votos políticos. Hoy se lo dan a Fulano y mañana al propio enemigo de este. Es su manera de pasarle factura a cuanto administrador público transita por Miraflores, quien deja todo como lo encontró, con lo cual el funcionario público termina sufriendo el castigo que debería aplicarse severamente a los irresponsables administradores que el país ha incorporado en y para el manejo de unas insinceras nóminas durante el último 1/2 siglo.

La insinceridad de las Nóminas Nacionales venezolanas se manifiesta de la siguiente manera:
1.- Oportunos y religiosos descuentos semanales y mensuales por concepto de Seguro Social, de Política Habitacional, de aportes a la Caja de Ahorros así como de todas las demás cuotas en favor de Sindicatos, gremios varios y de Seguros privados, y

2.- Tales descuentos no son enterados ni transferidos con la misma religiosidad ni automáticamente a los beneficiarios de tales descuentos. Por el contrario, esos descuentos obligatorios alivian los desembolsos semanales y quincenales de los organismos públicos correspondientes. Estos empiezan a disponer de ellos con lo cual se acumula pasivos contra el Fisco nacional, y este suele terminar volviendo a autorizar nuevas partidas presupuestarias para parcialmente pagarles a los funcionarios públicos afectados con esa mora, y lo hace sólo como corolario de fogosos debates y pugnas entre sindicalistas y políticos quienes generalmente terminan convirtiendo una irresponsabilidad administrativa gubernamental en conquistas de votos para ambas partes, ya que sindicalistas y gobernantes usan semejantes, deliberadas y acostumbradas moras como fructíferas banderas para sus promisiones electoreras.

Se trata, pues, de toda una consuetudinaria y enquistada estrategia aplicada por descarados pillos de la cosa pública, más que de honrados funcionarios. No pedimos disculpas por estos peyorativos porque consideramos que estamos simplemente reflejando la calidad moral de unos funcionarios públicos cuyos ascensos al poder nadie duda que han estado respondiendo más a intereses grupales partidistas que a la sana obligación constitucional a la que deben su razón de ser para semejantes y elevados caragos gubernamentales.

martes, 13 de octubre de 2009

Reformas Estadísticas del PIB
(Sugeridas por el Nobel Stiglitz)
Manuel C. Martínez M.
13/10/2009
De entrada: no existen Nobelados antiimperialistas; por el contrario, son sus apologistas de avanzada. Los Nobeles son el máximo reconocimiento académico de los aportes teóricos personales y experimentales asumidos por algunos bien escogidos investigadores sin que estos posiblemente ni siquiera retribuyan unas simples “gracias” a sus respectivos colaboradores, como secretarias, ayudantes varios, y colegas inclusive no tomados en cuenta para la consignación de esas pecuniarias premiaciones.
El explosivo desarrollo de las “ciencias” fácticas y de las fuerzas productivas o laborales de los últimos 250 años ha sido burgués por excelencia, germinaron bajo la férula del capitalismo. Este sistema ha sido el más conspicuo beneficiario de todos los aportes tecnológicos derivados de ellas en materia de productividad de una riqueza material que, paradójicamente, ha terminado en los bolsillos de unos, y contribuido a la mayor pobreza humana conocida hasta ahora. Bien, precisamente, del seno de gente burguesa e investigadora nació la premiación nobelada, y de allí que sus objetivos jamás podrían ser contrarios a la preservación del sistema que les sirvió de cuna y alimento.
Por favor, no sigamos confundiendo pobreza humana con rezagos tecnocientíficos. Actualmente existen comunidades de personas que llevan una mejor vida que la experimentada diariamente por millones de esos modernos asalariados y exasalariados que sobreviven miserablemente en la periferia y penumbra de las grandes urbes de New York, México, Londres, París, etc.
Entrando en el tema que nos ocupa, los estadísticos, como el PTB, PIB, PIN, VA, (VAN, según mi personal aporte), “CI”, IMI, etc., son indicadores macroeconómicos de aplicación internacional. Esto lo sabe muy bien el Nobelado involucrado en estas pretendidas reformas estadísticas, las mismas reformas. que actualmente sugieren poner en práctica algunos gobiernos hora por ingenuidad, ora por otras causas que no debatiremos por ahora.
Lo cierto es que hay convenientes y bien planificados centros de acopio informativo, como la ONU, y hacia ellos van dichos datos para la consulta general de los países que los soliciten. De esa manera pueden tener bases cuantitativas comparativas mundiales, según los objetivos particulares de cada uno de ellos.
Tengamos claro que ni conocer ni manejar estadísticas nos convierte en matemático ni en científico alguno como tampoco en tecnólogos. Las estadísticas son simples troqueles teóricos susceptibles de recibir diferentes materiales para su correspondientes modelajes. Las es. suelen servir más a sus manejadores que al público en general. Provienen de una Matemática eminentemente burguesa, proburguesa, y son la expresión tecnológica más acabada en materia de lenguaje científico. De allí que haya necesidad de extremar el control ex ante de su tentadora y posible aplicabilidad ya que una estadística en manos inescrupulosas puede dar resultados inesperados e indeseables para los países receptores de semejantes informes.
Lo que viene proponiendo este mensajero de Estocolmo es sencillamente una suerte de “Torre de Babel” (Babilonia o alrededores íntimamente cercanos al actual Irak), por lo menos mientras haya países que manejen datos mediante diferentes métodos y variables, ya que obviamente estaríamos depositando en los mismos archivos una data de estadísticos heterogéneos e incompatibles entre sí.
Pero, además, vivimos en sociedades burguesas cuyo motor predominante, con mayor caballaje potencial, es el LUCRO, el dólar, por extensión. Como esto es así, de poco o nada serviría que un país, por ejemplo, Venezuela que es paternalista hasta los tuétanos, incluya rubros no monetarios en su PIB, salvedad hecha del empleo de un mayor número de funcionarios públicos parasitarios de lo cual ya está hipersaturada la Administración Pública Nacional, salvo que ahora se decida imputar en el propio PIB el monto de las erogaciones por concepto de remuneraciones al personal improductivo. En este aspecto y sin lugar a dudas Venezuela se aseguraría un privilegiado lugar en las estadísticas del nuevo PIB mundial.

martes, 6 de octubre de 2009

Sr. Presidente: El IVA ha sido mal calculado


Manuel C. Martínez M.
06 oct. 09
Nada permanece en reposo, así lo señala la propia Dialéctica Materialista. No confundir “reposo” con equilibrio. Decir que un cuerpo puede permanecer inercialmente en reposo es un expandido error de la Física Burguesa que bien podríamos ventilar en nuevas entregas.
De momento vayamos al punto: La ideología burguesa no sólo separó la sociedad en dos clases fundamentales, burguesía y proletariado, capitalistas y asalariados, sino que logró concientizar a ambas clases con una conciencia predominante y favorable a los intereses de la clase dominante.
En estas sociedades la pobreza se deposita en los trabajadores productivos, y la riqueza burguesa pasa a manos de los empresarios de la producción, de los comerciantes y financistas y de los principales administradores civiles y gobernantes. Esta riqueza suele ser envidiada, e imitados los métodos para su adquisición por parte de la clase trabajadora.
La mediática predominante es harto proburguesa, y la literatura comunista tiende a ser convenientemente minimizada y maquillada de mil maneras. Inclusive las teorías, leyes y principios socialistas y su terminología marxiana terminan sembradas tiesa y ortodoxamente en sus seguidores y defensores.
Es que además de ser en sí misma una literatura contraria a los intereses capitalistas, todas las adecuaciones, las posibles reformas y hasta las necesarias correcciones que históricamente deba sufrir la información comunista original suelen ser rechazadas a primera vista por los propios izquierdistas.
Digamos que hasta los más furibundos defensores de la dinámica social, del cambio sociológico y de la Dialéctica Materialista y del Materialismo Histórico se comportan reaccionariamente cada vez que se asoma alguna objeción contra lo que hayan afirmado Karl Marx o Engels, o Lenin.
A sabiendas de esa incuestionable realidad, aquí, por ejemplo, tenemos el caso de algunas precisiones que modestamente me he permitido hacerle a la Teoría del Capital.
En varias entregas he tocado la revisión del cálculo del salario diario:
http://www.aporrea.org/actualidad/a85543.html
Hemos demostrado que los salarios no son costes de producción:
http://www.aporrea.org/ideologia/a64497.html ,
y recientemente cabo de corregir y desarrollar el verdadero contenido del “capital constante” y del “valor agregado”.
http://aporrea.org/ideologia/a87814.html El contenido de este artículo se vincula con la entrega siguiente:
http://www.aporrea.org/ideologia/a84644.html
En esos dos artículos pretendo demostrar la esterilidad de los trabajadores indirectos de dirección, administración y vigilancia, aunque se ha reconocido que son trabajadores muy útiles en las condiciones de producción actualmente burguesa. Pero macroeconómicamente no son trabajadores productivos ya que no agregan valor nuevo ni viejo y mucho menos plusvalor alguno.
En este último trabajo se destaca el significativo hecho de que el verdadero Producto Interno Neto (Valor Agregado) es menor de lo que han presentado las estadísticas nacionales e internacionales. En estas se considera el Valor Agregado como suma de todos los sueldos y salarios con lo cual se da por sentado que un gerente empresarial es tanto o más importante productivamente que un obrero de planta, y se niega su carácter de capital constante. Como se infiere, este capital constante, contabilizado como capital variable, sólo adultera el costo total de producción, infla de partida el precio final de las mercancías y le complica la vida al trabajador en su condición de consumidor final, porque este paga un sobreprecio en cada mercancía con lo cual resulta indebida y excesivamente pechado sobre un Valor Agregado que ya sale inflado desde la fábrica.
O sea que como ahora se puso de moda pechar el consumo mediante el IVA (Impuesto al Valor Agregado), de perogrullo los verdaderos trabajadores no sólo dejan ganancias patronales (plusvalor o capital agregado), no sólo apoyan a un personal gerencial no productivo, sino que se ven obligado a pagar un impuesto por un IVA, por un “valor agregado” mal calculado”, que realmente es menor de lo que las empresas capitalistas declaran en sus estados financieros.