Mostrando entradas con la etiqueta Economía Científica. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta Economía Científica. Mostrar todas las entradas

sábado, 19 de noviembre de 2011

Los capitalistas siguen expropiando medios de producción

Los capitalistas siguen expropiando medios de producción
El "Éxodo Capesino" en Venezuela fue suprehistoria del capitalismo Industrial, inspirado en la Conseja de Arturo Úslar Pietri: "Sembrar el petróleo"

"En los anales de la historia real, lo que siempre predominó fue la conquista, la esclavización, el robo a mano armada, el reinado de la fuerza brutal. En los manuales beatos de la economía política, por el contrario, siempre reinó el idilio… En la historia de la acumulación primitiva, todas las revoluciones que sirven de palanca para el progreso de la clase capitalista en vías de formación son hechos trascendentes, y sobre todo aquellos que, al despojar a grandes masas de sus medios de producción, y de existencia tradicionales, los lanza de improviso al mercado de trabajo. Pero la base de toda esta evolución es la expropiación de los cultivadores". Carlos Marx, El Capital, Libro I, Cap. XXVI.

La literatura marxiana ya dio cuenta de cómo la emergente burguesía del siglo XVI fue adueñándose de los medios de producción que pertenecían a los trabajadores del Medioevo[1] en condición de siervos de la gleba y vasallos en las corporaciones artesanales.

Si bien todo comenzó con la formación de un capital originario a partir del cual se cimentaron las relaciones de explotación capitalista, de un sistema que se dedica a acumular riqueza sin cesar, no es menos cierto que el proceso de expropiación de medios de producción que practicaron los primeros burgueses y sufrida por los campesinos y artesanos de la Edad Media tiende a reproducirse de la misma manera que se reproduce la producción en tanto así lo hace el consumo de cada año.

No se concibe el capital sin una continua expropiación de la riqueza creada y perteneciente a los trabajadores. Esta expropiación reviste dos modalidades: la de plusvalía, ya estudiada, y negada por la literatura económica burguesa, y la expropiación de los nuevos medios de producción que cada año adquieren los consumidores de unas mercancías en cuyo coste y precio de venta van incluidos lo que vengo denominando costes ilícitos.

Estos costes indebidos son cargados al costo de producción como si los consumidores de tales mercancías recibieran, en valor de uso o en valor de cambio, el desgaste depreciativo de las maquinarias involucradas en su producción y afines, la inversión en gastos gerenciales, de vigilancia, de alquileres, de administración contable, etc.[2]. No lo hacen, tales desgastes, tales inversiones de capital constante, representan el aporte personal que hace el capitalista a fin de poder justificar la explotación de unos asalariados que no sólo fueron expropiados durante la "prehistoria" [3]del capitalismo, sino que siguen siendo expropiados cuando parte de su poder adquisitivo, derivado del salario, se lo arranca el fabricante cuando le imputa como coste toda esa masa de costes en medios de producción y personal no productivo, como si estos trabajadores recibieran alguna pizca de tales medios. Si fuera sí, entonces, a la larga los trabajadores tendrían y repondrían los medios de producción con los cuales operar el nuevo año, y así dejarían de trabajar como asalariados.

Esos falsos costes son inversiones que le permiten al fabricante explotar a los asalariados, y hacerlo en mejores condiciones de productividad. Se trata de costes personales que, en todo caso, el capitalista debe descontar de la plusvalía o de la ganancia a fin de conservar para sí la posesión y renovación de esos medios de producción que representan su poder como explotador de proletarios.

Digamos que luego de la expropiación original, la acumulación del capital no ha cesado un segundo, porque, usando como capital inicial el valor de tales expropiaciones y posesiones, la burguesía sigue acrecentando su riqueza a punta de continuadas expropiaciones, no sólo de la plusvalía que se genera mediante el contrato laboral burgués, sino con las expropiaciones que continuamente practica al salario del trabajador.

Como quiera que toda la creación de riqueza material sigue corriendo a cargo de los trabajadores, cada gramo de materias primas y cada porción del resto de los medios de producción siguen recibiendo valor agregado fresco que perpetúa y acrecienta el volumen de medios de producción y de bienes de consumo, por un valor total que, descontado el valor de las materias primas (salvo esta parte de los medios de producción), es originalmente propiedad de los trabajadores.

Eso se desprende de los análisis marxistas del valor y la plusvalía. Y como el trabajador termina comprando esa producción conjuntamente con la parte consumida del resto de los medios de producción que el capitalista imputa como costes de producción, consecuencialmente, termina siendo continuamente reexpropiado de estos nuevos medios de producción.



[1] Carlos Marx, Obra citada, Sección Séptima.

[2] Cf.: http://www.aporrea.org/ideologia/a125977.html

[3] Autor y Obra citados, Cap. XXVI.

marmac@cantv.net

jueves, 29 de septiembre de 2011

Sepamos Cómo Coloniza el Capitalismo[i]
Los procesos de coloniaje son históricos

Manuel C. Martínez M.

28/09/2011 7:53:13

Colonia ha sido siempre sinónimo de dominación, la Roma Imperial  nos ofrece  los antecedentes más analógicos con los modernos procesos de coloniaje burgués. Y este es el punto que desarrollaremos:[1] 

Es verdaderamente curioso observar hasta qué punto la gente que en Venezuela se autodenomina de izquierda, socialista y comunista, mientras paralelamente ofrece   reiteradas demostraciones   de lo poco que conoce y/o sabe aplicar las enseñanzas de las Historia y Dialéctica  materialistas.

Excusamos a los periodistas no especializados en temas económicos ni en Historia porque su labor, al parecer,  es hablar hasta  por los codos, día y noche  todos los días de todos estos años en curso, y sin el menor recato en cuanto a la veracidad, fuentes y soportes correspondientes: toman un dato prefabricado, lo clonan, lo maquillan un poco y ¡zas! , y eso es periodismo, según lo que  también nos  resulta curioso, si n supera esa etapa de vulgar chismorreo "académico y con tecnología puntera". 

Yendo a la Historia: La formación de latifundios por parte de los vencedores del Imperio romano (bárbaros o extranjeros), sumado al encarecimiento del precio de la mano de obra esclava, representó, podría decirse, una suerte de colonización general de aquellos ingentes territorios recién conquistados.  

Reyes y emperadores fueron los grandes y más poderosos terratenientes y colonizadores, particularmente los reeditados a partir del hallazgo de América, a  comienzos del siglo XVI cristiano, y más modernamente el coloniaje que responde desde hace varios siglos a la capitalización del orbe cristiano, musulmán y judaico.  
 
Efectivamente, casi no existe un  km cuadrado del territorio mundial que no haya sido "colonizado" o sembrado con la semilla burguesa.  Por eso es conveniente entender que la dominación capitalista no es la que correspondía a  las obsoletas, aunque no superadas, formas de  vida económica.   

La feudalidad territorial tiene otra connotación histórica. Los burgueses liberaron al siervo y vasallo e todo vestigio feudad y fisiocrático, fabricaron los hombres libres, los asalariables. Por eso, durante el régimen burgués este proceso de  colonización cambia radicalmente. Nunca se ha tomado un territorio por el territorio mismo, el agricultor lo hace como medio de vida, el inquilino para lo mismo o para explotar a campesinos o esclavos. El capitalista lo vine haciendo  para explotar plusvalía o mano de obra asalariada. 

Como eso es así, no podemos menos que llamar la atención sobre estas mediáticas de derecha e izquierdas empeñadas diariamente en hablar  de procesos de neocolonización y, peor aun, de colonización de países que  por  la violencia (siempre ha sido así)  los imperios burgueses  invadan y expropien en bloque de sus recursos naturales o de sus riquezas innatas.  

La colonización burguesa cosiste en la adopción e imposición de   relaciones burguesas, es un  asunto económico y no político. Como el político suele ignorar y hasta  despreciar la Economía Científica, incurre en esos desaguisados, muy buenos para hacer política populista, pero muy dañina para los verdaderos intereses socialistas y  para la correcta comprensión del proceso de mundialización (colonización) de la Economía Capitalista. 

Ciertamente, las "colonias" de los fabricantes burgueses  necesitan cada día más medios de producción, materiales de trabajo, objetos de trabajo y energéticos o materias primas para fabricar otros medios de trabajo que serán luego cargados ilícitamente al precio de sus mercancías por concepto de costes de   producción. De esto hemos estado hablando en largas y numerosas entregas anteriores, por  este mismo medio: "aporrea.org".


lunes, 26 de septiembre de 2011

Dos Transacciones Paralelas en cada Compraventa
Después del trueque, todo cambió en contra del trabajador

Manuel C. Martínez M.

21/09/2011 4:41:08


"Dove è eguaglità non è lucro...
El comercio-se dice, por ejemplo-agrega valor a los productos, pues estos tienen más valor en manos del consumidor que en las del productor, por lo cual se lo debe considerar, en términos estrictos (strictly), como un acto de producción. Pero no se paga las mercancías dos veces, una por su valor de uso, y la otra por su valor de cambio. Y si el valor de uso de la mercancía es más útil para el comprador que para el vendedor, su forma –dinero resulta más útil para este que para aquél. ¿La vendería si no fuera así? Por lo tanto, también se podría decir que el comprador cumple en forma estricta un acto de producción cuando, por ejemplo, convierte en dinero los calcetines del vendedor de éstos."

Carlos Marx afirmó que él había sido el primero en darse cuenta de la doble transacción que implicaba cada acto de compraventa de mercancías, habida cuenta de que éstas eran ambivalentemente valor de uso y v. de cambio
. Infiérese que el interés sobre el valor de cambio recae sobre el productor, y el de uso, sobre el consumidor que final y mayoritariamente resulta ser el asalariado a quien previamente se le ha esquilmado con el "plusvalor". Este fue un hallazgo científico que resulta emblemático para comprender y reconocer el elevado grado de indefensión en que se halla el consumidor mediatizado por el dinero.

La perversidad subyacente del sistema capitalista y que le imprime su particularidad frente a los regímenes de explotación precedentes consiste en que de manera legal, pacífica y hasta de mutuo acuerdo entre vendedores y compradores (victimarios y víctimas mercantiles), ha sabido valerse de las necesidades fisio y psicológicas de los trabajadores, de la gente en general, para: 1.- ponerlos a trabajar con medios de producción "ajenos", a fin de que todos ellos produzcan los diferentes bienes satisfactorios de aquéllas, sin que estos les pertenezcan para nada, 2.- quedarse con una parte de la riqueza creada por esos potenciales consumidores en esas condiciones burguesas (plusvalía), y, como si fuera poco, 3.- condicionar el acceso individual de esa producción social a su canje por dinero, de tal manera que ningún trabajador podrá tener una apreciación real ni fidedigna del valor de la mercancía que le ofrezcan, y tiene que limitarse a pagar el precio (valor de cambio) de esta según las denominaciones monetarias y fiduciarias (del Estado) de su paga salarial. Vemos así, cómo el Estado convalida el interés burgués en desmedro del consumidor.

Es que el consumidor o demandante, como poseedor de
dinero, o valor de cambio genérico, forzosamente está limitado a cotejar el valor nominal de sus monedas y billetes con el precio de la mercancía en juego
, y, en cuanto a su valor de uso, se le considera un experto en el conocimiento técnico de cuanto compre por esa vía.

De esta manera se abre todas las posibilidades para que el precio del dinero del consumidor valga más que el precio de la mercancía adquirida, independientemente de que ese dinero de curso legal responda a monedas devaluadas frente a divisas fuertes e internacionales, o de que sea en metales febles o preciosos. Como recordamos, el consumidor terminará comprando y pagando la mercancía adquirida al precio que sea, porque la necesita más como valor de uso más que como v. de cambio. Este sólo sirve para el cotejo con el precio de las monedas que deberá pagar en cambio. En este sentido
, todo vendedor funge de chantajista, y de allí las especulaciones y desviaciones frecuentes entre el verdadero valor de cambio de la mercancía ofrecida y el valor nominal del dinero pagado por el consumidor demandante.

La transacción practicada por el consumidor con todos los detallistas es doblemente leonina: 1.- Como trabajador en la fábrica, sale convencido de que si él trabajó 8 horas diarias, estas mismas le fueron reconocidas y pagadas, cuestión que no es así. De esta manera, sale "acostumbradito" a entregarle al patrono más trabajo valor del que éste le reconoce en el monto del salario, aunque siga sin tener conciencia de ello. Y 2.- Con esta información subliminalmente inyectada en sus pensamientos, como consumidor, puede "pagar más por menos", habida cuenta de que el PIB (Producto Interno Bruto-ya sobrecargado por concepto de costes indebidos) está repartido en miríadas de fábricas que conforman el abasto de la cesta básica, mientras que los consumidores suelen conocer apenas de muy pocos de los bienes del mercado, y en consecuencia no podrían cotejar con propiedad cuánto vale en "valor trabajo" la mercancía necesitada con urgencia vital.

En resumen, cuando el consumidor se enfrenta al vendedor, objetivamente este le cotiza en términos de valor de cambio, mientras subjetivamente aquél lo aprecia en términos de valor de uso. Esta disparidad cambiaria, esta incoherencia e incompatibilidad mercantil, de partida, vicia la transacción de compraventa burguesa cuando la convierte en una trampa comercial que viene desde el mismo momento a partir del cual el mercado dejó de ser realizado por trueque y reemplazado por dinero, o sea, cuando el comercio experimentó el gran desarrollo que sigue recibiendo desde el siglo XVI.

Esa dificultad calculatoria que presenta el cotejo entre precio de venta al público y su equivalente en dinero del comprador rige para todos los consumidores indistintamente de que sean analfabetos, semianalfabetos, alfabetos y hasta con "piechedés (PhD.-sic). Semejante dificultad jamás la confrontó el productor de mercancías que realizaba sus intercambios mediante trueque, sin mediación dineraria alguna, ya que mediante el éste cada transaccionista tenía un claro conocimiento sobre cuánto esfuerzo costaban las diferentes mercancías puesto que todos los trabajadores solían ser multiproductores de bienes agrícolas y dominaban casi todos los oficios artesanales de su época.
Veamos más de cerca esas 2 transacciones paralelas: El fabricante vende un valor de uso con determinado valor de cambio, y éste es reconocido y enterado por el consumidor mediante su dinero de compra, aunque su motivación sea el valor de uso que soporta a aquél.

Así, el consumidor aparece como portador de dinero que es también un valor de uso, y a este canjea por el de la mercancía que compra. Hasta aquí se da una satisfactoria equivalencia entre valores de uso porque el vendedor no admitiría una moneda falsa ni el comprador un bien que no sea el que necesita y circunstancialmente adquiere. Esta operación de trueque entre valores de uso goza de aceptación plena para ambos transaccionistas: el vendedor recibe en monedas de curso legal por el correspondiente equivalente nominal del precio fijado para el valor de uso que está vendiendo, y el comprador, el bien que necesita y es el adecuado para su consumo final.
Pero hay más: Cuando el fabricante vende su mercancía lo hace para recuperar su capital dinero invertido a tales efectos, y además hacerlo con creces, con ganancia
, con plusvalorización. De esta manera, sin que todavía nadie pueda justificar científicamente porqué un inversionista puede sacar más dinero del mercado de lo que a este lleva, nos hallamos con una suerte de continuidad de la vieja doctrina mercantilista o monetarista, en el sentido de que en la simple operación mercantil de compraventa, con miras a acumular dinero, se halla toda fuente de riqueza, una concepción que aparentemente fue echada fuera de borda con los argumentos favorables al valor-trabajo que involucraba trabajo agrícola y t. artesanal, pero que, en realidad, a este valor-trabajo se le sigue irrespetado cuando se niega la producción de mercancías preñadas de plusvalía, y esta se la tribuye al mercado y no a la explotación salarial.

Digamos que, en el supuesto negado de que el mercado sea fuente de ganancia, y en parte lo es cuando señalamos las ventas ilícitas que hace con los medios de trabajo imputados en los costes de fabricación, entonces, sobre esa base meramente comercial debemos responder la siguiente pregunta: ¿quién paga la ganancia en el mercado, habida cuenta de que ella no existe al margen de algún financista, de un perdedor?, o responder esta otra pregunta: ¿a cambio de qué el capitalista recibe esa ganancia?, ¿se trata, acaso, de un donativo, de alguna premiación?
Los argumentos del riesgo empresarial, predisposición empresarial, etc., son argumentos deleznables que no resisten ni las más mínimas contraargumentaciones. Los trabajadores, pongamos por caso, pudieran exigir "plusalarios" por los riesgos que corren dentro de una fábrica, y los consumidores también podrían recibir pagas del Estado por los riesgos a que somete su vida en una sociedad que no ofrezca seguridad de tránsito ni sobrevivencia ante una delincuencia incombatible por el mismo Estado, cosas así.