sábado, 31 de diciembre de 2011

El Permanente Desequilibrio Económico

El Permanente Desequilibrio Económico
Son especulativos los intentos por resolverlo

Manuel C. Martínez M.

30/12/2011 19:57:36


La solución de ese problema no está reservado a ningún régimen, ni su confrontación tiene porqué atribuírsele a ninguno de los sistemas económicos hasta ahora conocidos. El desequilibrio económico está inscrito en la propia dinámica del ser humano, del trabajador y su desarrollo durante su trabajo.

De entrada, decimos que cualquier Tratado sobre Economía debe centrarse en las provisiones para conservar el "desequilibrio económico", y no en evitarlo. Ciertamente, el desequilibrio económico aflora por primera vez en el sistema capitalista porque hasta entonces ni los costos de producción ni la contabilidad burguesa conocieron los cargos por concepto de "depreciaciones" ni de plantillas de asalariados. Los esclavos operaban y sus amos daban cuenta de su producción. Los siervos sembraban y cosechaban en tierras ajenas y muy poco necesitaban del intercambio mercantil. El comercio se limitaba al trueque y a las compra-ventas en ferias estacionales.


Sin embargo, si usted consulta los textos de Economía burguesa, todos ellos se plantean el equilibrio del mercado como el meollo de la ciencia económica. Cómo lograrlo ha ocupado la mente de numerosos Economistas. Todos ellos comienzan por reconocer la inconstancia de los gastos de inversión representados por los bienes duraderos o medios de producción como máquinas, herramientas, y afines, sobre la base de que los montos de las reposiciones varían permanentemente con arreglo a vida útil de unos medios más duraderos que otros, lo que obviamente provoca sobreinversiones o sobreempleos periódicos alternados con desempleos no menos cíclicos.


En esa literatura no se menciona la inversión por concepto de mano de obra como factor de desequilibrio, sino como víctima del mismo, razón por la cual jamás se hallará en aquella un hilo conductor que le guíe hacia el equilibrio en su mercado monetario. Es común en toda esa literatura hablar de escasez en un mercado que de partida produce sobrantes en unas ramas, y faltantes en otras, pero no porque el mercado así se lo imponga a la producción, sino todo lo contrario.


Esa literatura identifica la escasez, o el desequilibrio cuantitativo entre la oferta y la demanda, como una característica de la desarmonía natural que presenta la combinación entre medios de producción, y entre estos y la mano de obra empleada. Hay densos tratados sobre la contrata laboral, sobre la moderna tecnología con sus innovaciones y métodos organizativos destinados al logro de una combinación entre los factores de la producción que garantizarían un mínimo de faltantes o de sobrantes en tales cuales materiales, tales o cuales técnicos, tales o cuales máquinas y edificaciones, a fin de lograrse un máximo de ganancias y un mínimo de despilfarros.


Por su parte, la literatura alterna, la marxista, se nos presenta como antagónica frente a los intereses de la burguesía, razón por la cual jamás se podrá esperar de los economistas apologistas del sistema capitalista otra cosa que nuevos ensayos tendentes al reciclaje de la misma "problemática mercantil" aunque elevada a nuevos peldaños de conflictividad e inestabilidad económicas.


De resultas, todos esos consejos, tanto marxistas como capitalistas, han resultado de baja eficacia, las crisis sobrevienen y cada vez lo hacen con mayor intensidad. En tal sentido, podemos afirmar que de muy poco ha servido toda esa rimbombante y pletórica teoría Económica burguesa y antiburguesa. Nuestra Universidades menos ortodoxas debería limpiar sus existencias bibliográficas de una literatura que nos presenta el problema del desequilibrio económico como ajeno al proceso de producción, es atribuido al mercado y no a la verdadera causa, sobre la cual pasamos a presentar nuestras primeras consideraciones.


Este es el caso: Los trabajadores burgueses y sus familias son una variable cuyo desarrollo es inevitablemente ilimitado. Cuando Marx habló del desarrollo de las fuerzas productivas que probablemente darían cuenta de las desigualdades sociales, lo hizo sobre esa base. Brevemente, esto significa que ningún salario, por elevado que luzca, podrá satisfacer 100% las necesidades del trabajador durante mucho tiempo, habida cuenta de que a mayor confort de la familia, mayor nivel de exigencias, de necesidades y de su correspondiente cobertura con bienes de mejor calidad en el menor de los casos. Mejor calidad significa mayor costo de producción, y esto traduce mayores precios, menor poder de compra y nuevos desequilibrios salariales.


Eso explicaría porqué los empresarios procuran congelar los salarios a corto, mediano ya hasta largo plazos. Los contratos colectivos a 1 año, 2 años o más, evitarían las reprogramaciones de inversiones de capital. La mayor durabilidad de las nuevas máquinas persigue lo mismo, y con lo cual la contrata laboral y el empleo de medios de producción tiende a estancarse a la par de que el empresario acumula sin cesar.
 

 

Pero, además, recordemos que, bajo régimen burgués, todos los medios de producción son cargados al costo de producción, y de este se derivan los precios de venta al público. Los precios no se hacen en el mercado, salen de las fábricas y en este sólo se realizan. Salvedad hecha de las materias primas, el resto de esos medios son gastos del inversionista, representan las condiciones de producción que otrora le fueron arrebatados a los campesinos productores y artesanos de la Alta Edad media. Como tales, esos costos de inversión asimilados al costo de producción, al precio de venta, agregan dosis de "normalidad" para que el mercado se mantenga desequilibrado puesto que los consumidores terminan dedicando buena parte de sus salarios a la "compra" de unas inversiones que no les pertenecen. De esta manera las rentas del trabajador sufren constantes mermas en su poder adquisitivo, y lo cual es otra manifestación de desequilibrio estructural.


Con trabajadores cuya fuerza de trabajo, si bien es cada vez más productiva, se encarece con nuevas necesidades, los patronos deben reprogramar automáticamente y cada año nuevas inversiones por tal concepto sin esperar mayores y puntuales reclamos de parte de sus trabajadores. De esta manera ese patrono justificaría sus mayores exigencias de productividad, el encarecimiento de sus mercancías. El problema del desequilibrio desaparecería como si se tratara de nuevas contrataciones o aumentos del empleo. Por supuesto, mejores salarios con mayor calidad en bienes implican mayores exigencias de capital, este dejaría de estancarse, no habría presiones para darle empleo a la plusvalía acumulada, los conflictos laborales se minimizarían, y ya sólo quedaría el problema de la baja de la tasa de ganancia que, por lo demás, tampoco es un problema, sino una característica de un sistema que crea riqueza gratuita a favor de una clase que la usa más para seguir acumulando que para satisfacer las inevitables y crecientes exigencias salariales de una mano de obra en constante desarrollo personal y familiar.

 

jueves, 1 de diciembre de 2011





Armonía, correspondencia y simetría

(La función decide la estética)

En lenguaje dialéctico, habríamos escrito: La materia deriva en pensamientos.

Tales tres condiciones, casi pares entre sí, son observables a menudo en muchos y variadísimos fenómenos cotidianos, y muy especialmente en utensilios, muebles e inmuebles que nos son tan familiares. Así tenemos las aspilleras o atalayas propias de los fortines y torres medievales. En estos espacios solía colocarse las fogosas armas de guerra, de tal manera que los soldados podían disparar y estar escudados al mismo tiempo. El caso es que esa configuración que tan simétricamente observamos con sus ventanas alternadas, justo en los bordes de los capiteles, fueron hechos necesaria y funcionalmente ondulatorios, y han terminado encantándonos con su arquitectónica belleza.

Tenemos así a los encantadores y bellos músculos femorales, particularmente los suaves, curvilíneos y delineados muslos femeninos. Si estos órganos de locomoción adoptaran otra configuración geométrica que no fuera la cónica regular, sino, digamos por caso, la cilíndrica, entonces, de locomotrices, tales extremidades pasarían a ser frenos para la caminata. Si no, pregúntenselo a quienes sufren de obesidad exagerada o a los pacientes de podálisis connatural.

Cuando vemos un piano de cola, no podemos menos que darnos cuenta de su forzosa triangularidad. Esta le viene impuesta por la funcional disposición de sus cuerdas, desde la más gruesa y larga hasta la más corta y delgada, que garantizan armoniosa, correspondiente y simétricamente la tonalidad in crescendo que se desenvuelve de graves a agudos.

Observación semejante debemos realizar con la estilizada y curvilínea figuras del violín, la viola y contrabajo.  Sus gargantas permiten máxima inclinación de los arcos puesto que de otra manea estos tendrían que limitarse a movimientos ligeramente horizontales respecto de las cuerda inviolucradas. 

Cuando los citadinos y "civilizados" usamos las hamacas o chinchorros para acostarnos y dormir, apreciamos que se trata de unas redes donde sólo podemos estar cómodos cuando adecuemos nuestras prendas de vestir a las ya obsoletas vestimentas de los primitivos indígenas que pioneramente las diseñaron. Efectivamente, resulta incomotísimo tener que estar desenrollándonos la camisa o reacomodarnos los pantalones o pijamas al menor de los movimientos que armonicen nuestra anatomía a la cóncava y elíptica forma que las caracteriza. Los guajiros, por ejemplo, con sus guayucos, tipo "hilo dental", se desenvuelven divinamente allí, en su antiquísimas y prístinas camas, por muchísimos que sean sus movimientos se subir y bajar.

Cuando arrojamos una piedra en un estanque de aguas en reposo solemos observar la formación de ondas simétricas y concéntricas que se forman alrededor del sitio donde dicha piedra haya caído. Vale la pena precisar si esas ondas responden a la forma geométrica original del objeto lanzado: si se trata de un cubo, pensamos que deberían formarse cuadrados paralelos, y si se trata de una forma triangular, de esta deberían ser también las ondas en cuestión.

La formación de arena y arenillas en las playas es bien conocida. Inferimos que tal formación arenosa responde al juego de fuerzas de impulsión y repulsión de las olas marinas y de las corrientes fluviales. En razón del volumen de los cuerpos rocosos arrastrados, estos son lanzados por el agua misma fuera del cauce del río a su paso , y estos cuerpos irán cayendo unos más lejos, y otros más cerca desde donde serían devueltos por el agua que gravitacionalmente regresa al cauce, y tiende a recuperarlos, aunque ya no volverán a su sitio de partida porque la fuerza de retorno es menor que la del impulso que los va colocando en las riberas del río. Digamos que la fuerza regresiva de las olas marinas va devolviendo hacia el mar aquellas piedrecillas que cedan a su impulso y en función de su peso y correspondiente volumen, de tal manera que los cuerpos menores logran ser menos afectos de la fuerza de retorno y van estancándose en las orillas de las playas correspondientes.

Tales son una muestra, a manera de avance, de cómo la funcionalidad precede la belleza, cómo los medios se adecuan a los fines y de cómo nuestro poder creativo debe ajustarse a los medios disponibles para la hechura de las obras que emprendamos.
Maquiavelo no deja de venir a nuestras mentes.

Manuel C. Martínez M.

77_11_01-KK3(01/12/2011 18:09:18)

 

martes, 22 de noviembre de 2011

La Renta Petrolera Desplaza la Plusvalía Economía venezolana burguesa es más mercantil que fabril

                                   Manuel C. Martínez M.

20/11/2011 22:19:29

Cierto que a Venezuela se la identifica como una sociedad burguesa, o sea, una economía típicamente capitalista. Según esa apreciación, podríamos hablar de un Producto Interno Bruto fabril, de una renta nacional de la cual derivarían las demás rentas laborales y empresariales y tributarias, es decir, los salarios, los impuestos municipales y nacionales, los intereses financieros, la ganancia comercial y los dividendos fabriles, y hasta los fondos de capital para nuestro crecimiento.

Porque, si así fuera, hasta dispondríamos de capital propio y podríamos asumir actividades financieras internacionales. La experiencia desdice todo eso porque, bien miradas las cosas, desde hace más de 70 años, literalmente, Venezuela vive anquilosadamente del petróleo; lo ha explorado con manos ajenas, lo ha recolectado con manos ajenas, entubado con manos ajenas, y lo exporta hacia otros países. Su valor en dólares mueve la economía nacional de la manera más parasitaria que pueda imaginarse, además de que la mayor parte de esos dólares retornan a los países clientes a los que se les vende este recurso energético.

Nuestra pequeña clase burguesa y la jerarquía políticas y eclesiásticas han vivido con cargo al capital originario de los petrodólares o renta petrolera (RP), y como si fuera poco, Venezuela, lejos de rebajar sus necesidades de financiamiento extraordinario exterior, lo incrementa con periodicidad y constitucionalmente. Basta pasearse por el texto de la vigente Constitución nacional para verificar que tenemos una sociedad regularmente dependiente y prestataria de los grandes fondos financieros internacionales. Desde hace muchas décadas no se elabora un proyecto de Presupuesto Nacional de Ingresos y Gastos que no prevea el "endeudamiento público" con el cual cubrir- descaradamente- parte del crédito ya recibido.

Venezuela, más que un país capitalista es un cliente capitalista con un alto poder de compra derivado de su recolección de materias primas y recursos naturales energéticos
. Tanto vive de la RP y sigue siendo el Estado el magnífico empleador que hasta los salarios son fijados al arbitrio y capricho del Presidente de turno, hecho que se viene cumpliendo religiosamente los primeros de mayo de c/año. El tupé de los gobernantes conocidos se ha desbordado cuando inicia una lucha frontal contra el empresario privado en un intento por, en algunos casos, nacionalizar la poca empresa privada que ha operado con capital propio, y en otros casos más "revolucionarios", dar saltos hacia un supuesto Socialismo sin pasar por el capitalismo que, como sistema, reafirmamos, no ha sido precisamente el modo de vida predominante en nuestra sociedad. 

No en balde las actividades comerciales y financieras ocupan los primeros lugares estadísticos en el Producto Interno Bruto. Alrededor de 50% de este PIB es alimentado directamente por la RP, y el resto lo hace indirectamente ya que la mayor parte de la demanda doméstica es efectuada por la burocracia nacional, con el gobierno incluido.

Por esa razón, hablar en Venezuela de explotación capitalista no es muy profesional porque la participación del sector no petrolero carece de vida autónoma, no crea su propia demanda, esta deriva del ingreso petrolero, sobre todo desde los años 40 del siglo pasado cuando se importó la conseja keynesiana de ayudar a un empresarios carentes de capital propio e incipientes en materia de producción fabril industrial. El capitalismo mercantil ha sido el fuerte de esa modalidad económica.

Desde ese entonces
, el Estado se ha volcado hacia gestiones nacionalizadoras, al punto de que sus presupuestos nacionales suelen dividirse en "gastos sociales" e "inversiones". Este hecho sirve de estriberón al empresario privado para alimentar sus apetitos lucrativos, poco le ha importado sus pésimos niveles de productividad ni la calidad de su menguada oferta. Súmese a esto que el Estado se ha mostrado muy elástico en cuanto al facilismo crediticio, y las frecuentes condonaciones de los pasivos empresariales ha beneficiado frecuentemente a un empresariado tartufiano que a tales efectos no se hace esperar. Así como EE UU socorre su banca privada, aquí el Estado socorre a los capitalistas privados y en paralelo y contradictoriamente luego quiere someterlos con leyes y reglamentos que frenan el ejercicio capitalista, libérrimo por excelencia. Este, como sabemos, sólo funciona con máximas libertades, incluidas las especulativas que sólo controla su correspondiente clientela.

El caso más patético se refleja en unas reservas internacionales que sólo garantizan pago de deudas y el país sigue cada año dependiendo casi unilateralmente de la recolección de este recurso natural. Los impuestos, por ejemplo, son parte de la misma renta ya trasegada al contribuyente. Los presupuestos nacionales de Ingresos y Gastos tienen como piso monetario el ingreso petrolero, al punto de que la cuantía de la fuente del ingreso anual queda vinculada al precio del dólar. Este precio, durante los últimos 4 años
, ni siquiera responde a criterios objetivos, sino a una supuesta política prudencial ante los vaivenes sorpresivos que viene sufriendo el precio de este energético que es el más demandado, más barato y menos riesgoso hasta ahora.

Prueba de que esta sociedad no ha sido capitalista en términos marxistas, de que su plusvalía ha sido mínima, es que los trabajadores venezolanos de los últimos 70 años, sus asalariados, han venido disfrutando de unas relaciones obreropatronales reguladas por el Estado, desde su jornada, como su salario mínimo, vacaciones, prestaciones sociales, etc., privilegios que ya quisieran los aslariados de las sociedades europeas disfrutar para sí.

sábado, 19 de noviembre de 2011

Los capitalistas siguen expropiando medios de producción

Los capitalistas siguen expropiando medios de producción
El "Éxodo Capesino" en Venezuela fue suprehistoria del capitalismo Industrial, inspirado en la Conseja de Arturo Úslar Pietri: "Sembrar el petróleo"

"En los anales de la historia real, lo que siempre predominó fue la conquista, la esclavización, el robo a mano armada, el reinado de la fuerza brutal. En los manuales beatos de la economía política, por el contrario, siempre reinó el idilio… En la historia de la acumulación primitiva, todas las revoluciones que sirven de palanca para el progreso de la clase capitalista en vías de formación son hechos trascendentes, y sobre todo aquellos que, al despojar a grandes masas de sus medios de producción, y de existencia tradicionales, los lanza de improviso al mercado de trabajo. Pero la base de toda esta evolución es la expropiación de los cultivadores". Carlos Marx, El Capital, Libro I, Cap. XXVI.

La literatura marxiana ya dio cuenta de cómo la emergente burguesía del siglo XVI fue adueñándose de los medios de producción que pertenecían a los trabajadores del Medioevo[1] en condición de siervos de la gleba y vasallos en las corporaciones artesanales.

Si bien todo comenzó con la formación de un capital originario a partir del cual se cimentaron las relaciones de explotación capitalista, de un sistema que se dedica a acumular riqueza sin cesar, no es menos cierto que el proceso de expropiación de medios de producción que practicaron los primeros burgueses y sufrida por los campesinos y artesanos de la Edad Media tiende a reproducirse de la misma manera que se reproduce la producción en tanto así lo hace el consumo de cada año.

No se concibe el capital sin una continua expropiación de la riqueza creada y perteneciente a los trabajadores. Esta expropiación reviste dos modalidades: la de plusvalía, ya estudiada, y negada por la literatura económica burguesa, y la expropiación de los nuevos medios de producción que cada año adquieren los consumidores de unas mercancías en cuyo coste y precio de venta van incluidos lo que vengo denominando costes ilícitos.

Estos costes indebidos son cargados al costo de producción como si los consumidores de tales mercancías recibieran, en valor de uso o en valor de cambio, el desgaste depreciativo de las maquinarias involucradas en su producción y afines, la inversión en gastos gerenciales, de vigilancia, de alquileres, de administración contable, etc.[2]. No lo hacen, tales desgastes, tales inversiones de capital constante, representan el aporte personal que hace el capitalista a fin de poder justificar la explotación de unos asalariados que no sólo fueron expropiados durante la "prehistoria" [3]del capitalismo, sino que siguen siendo expropiados cuando parte de su poder adquisitivo, derivado del salario, se lo arranca el fabricante cuando le imputa como coste toda esa masa de costes en medios de producción y personal no productivo, como si estos trabajadores recibieran alguna pizca de tales medios. Si fuera sí, entonces, a la larga los trabajadores tendrían y repondrían los medios de producción con los cuales operar el nuevo año, y así dejarían de trabajar como asalariados.

Esos falsos costes son inversiones que le permiten al fabricante explotar a los asalariados, y hacerlo en mejores condiciones de productividad. Se trata de costes personales que, en todo caso, el capitalista debe descontar de la plusvalía o de la ganancia a fin de conservar para sí la posesión y renovación de esos medios de producción que representan su poder como explotador de proletarios.

Digamos que luego de la expropiación original, la acumulación del capital no ha cesado un segundo, porque, usando como capital inicial el valor de tales expropiaciones y posesiones, la burguesía sigue acrecentando su riqueza a punta de continuadas expropiaciones, no sólo de la plusvalía que se genera mediante el contrato laboral burgués, sino con las expropiaciones que continuamente practica al salario del trabajador.

Como quiera que toda la creación de riqueza material sigue corriendo a cargo de los trabajadores, cada gramo de materias primas y cada porción del resto de los medios de producción siguen recibiendo valor agregado fresco que perpetúa y acrecienta el volumen de medios de producción y de bienes de consumo, por un valor total que, descontado el valor de las materias primas (salvo esta parte de los medios de producción), es originalmente propiedad de los trabajadores.

Eso se desprende de los análisis marxistas del valor y la plusvalía. Y como el trabajador termina comprando esa producción conjuntamente con la parte consumida del resto de los medios de producción que el capitalista imputa como costes de producción, consecuencialmente, termina siendo continuamente reexpropiado de estos nuevos medios de producción.



[1] Carlos Marx, Obra citada, Sección Séptima.

[2] Cf.: http://www.aporrea.org/ideologia/a125977.html

[3] Autor y Obra citados, Cap. XXVI.

marmac@cantv.net

lunes, 17 de octubre de 2011

160_30_08_KK3 Manuel C. Martínez M.

Sadelas

Sociedad Amigos de la Salud

El cubismo en Peter Paul Rubens

(Cuatro dimensiones y no tres)

Este pintor barroco floreció mucho antes del uso generalizado que 300 años después se hizo, de las coloreadas formas geométricas más connotadas, para dar cuenta hasta del volumen de imágenes y paisajes de particularizado perfil.

Como sábese, este género, con Picasso y Braque como protagonistas principales, pretende atrapar sin claroscuro ni perspectiva las tres dimensiones que voluminizan las cosas en nuestra tierra.

No obstante, Las tres Gracias, de Rubens, nos presenta la visión de una mujer por sus cuatro costados. Efectivamente, la Gracia de la izquierda nos ofrece su costado derecho y parte del frontal; la del primer plano da cuenta de su espalda, y la tercera completa la visión de dicho lado frontal, y exhibe perfectamente su costado izquierdo. Cuatro lados de un <> naturalizado en forma de bella mujer.

Por cierto, esa visión y práctica <> rubensiana es muy respetada por algunos de sus reproductores. La versión recogida por el pintor contemporáneo Damián Lucas Masiota merece mención. En su Tres Gracias nos brinda la visión posterior de las originales. La del centro se nos presenta de frente; la de la izquierda muestra su costado derecho y parte de su trasero, y la de la derecha, su costado izquierdo y el complemento de dicho trasero.

 



 

 

 
                      domingo 1 de febrero de 2009
                     Paquete I de Sadelas Publicadas desde años atrás


jueves, 29 de septiembre de 2011

Sepamos Cómo Coloniza el Capitalismo[i]
Los procesos de coloniaje son históricos

Manuel C. Martínez M.

28/09/2011 7:53:13

Colonia ha sido siempre sinónimo de dominación, la Roma Imperial  nos ofrece  los antecedentes más analógicos con los modernos procesos de coloniaje burgués. Y este es el punto que desarrollaremos:[1] 

Es verdaderamente curioso observar hasta qué punto la gente que en Venezuela se autodenomina de izquierda, socialista y comunista, mientras paralelamente ofrece   reiteradas demostraciones   de lo poco que conoce y/o sabe aplicar las enseñanzas de las Historia y Dialéctica  materialistas.

Excusamos a los periodistas no especializados en temas económicos ni en Historia porque su labor, al parecer,  es hablar hasta  por los codos, día y noche  todos los días de todos estos años en curso, y sin el menor recato en cuanto a la veracidad, fuentes y soportes correspondientes: toman un dato prefabricado, lo clonan, lo maquillan un poco y ¡zas! , y eso es periodismo, según lo que  también nos  resulta curioso, si n supera esa etapa de vulgar chismorreo "académico y con tecnología puntera". 

Yendo a la Historia: La formación de latifundios por parte de los vencedores del Imperio romano (bárbaros o extranjeros), sumado al encarecimiento del precio de la mano de obra esclava, representó, podría decirse, una suerte de colonización general de aquellos ingentes territorios recién conquistados.  

Reyes y emperadores fueron los grandes y más poderosos terratenientes y colonizadores, particularmente los reeditados a partir del hallazgo de América, a  comienzos del siglo XVI cristiano, y más modernamente el coloniaje que responde desde hace varios siglos a la capitalización del orbe cristiano, musulmán y judaico.  
 
Efectivamente, casi no existe un  km cuadrado del territorio mundial que no haya sido "colonizado" o sembrado con la semilla burguesa.  Por eso es conveniente entender que la dominación capitalista no es la que correspondía a  las obsoletas, aunque no superadas, formas de  vida económica.   

La feudalidad territorial tiene otra connotación histórica. Los burgueses liberaron al siervo y vasallo e todo vestigio feudad y fisiocrático, fabricaron los hombres libres, los asalariables. Por eso, durante el régimen burgués este proceso de  colonización cambia radicalmente. Nunca se ha tomado un territorio por el territorio mismo, el agricultor lo hace como medio de vida, el inquilino para lo mismo o para explotar a campesinos o esclavos. El capitalista lo vine haciendo  para explotar plusvalía o mano de obra asalariada. 

Como eso es así, no podemos menos que llamar la atención sobre estas mediáticas de derecha e izquierdas empeñadas diariamente en hablar  de procesos de neocolonización y, peor aun, de colonización de países que  por  la violencia (siempre ha sido así)  los imperios burgueses  invadan y expropien en bloque de sus recursos naturales o de sus riquezas innatas.  

La colonización burguesa cosiste en la adopción e imposición de   relaciones burguesas, es un  asunto económico y no político. Como el político suele ignorar y hasta  despreciar la Economía Científica, incurre en esos desaguisados, muy buenos para hacer política populista, pero muy dañina para los verdaderos intereses socialistas y  para la correcta comprensión del proceso de mundialización (colonización) de la Economía Capitalista. 

Ciertamente, las "colonias" de los fabricantes burgueses  necesitan cada día más medios de producción, materiales de trabajo, objetos de trabajo y energéticos o materias primas para fabricar otros medios de trabajo que serán luego cargados ilícitamente al precio de sus mercancías por concepto de costes de   producción. De esto hemos estado hablando en largas y numerosas entregas anteriores, por  este mismo medio: "aporrea.org".


lunes, 26 de septiembre de 2011

Dos Transacciones Paralelas en cada Compraventa
Después del trueque, todo cambió en contra del trabajador

Manuel C. Martínez M.

21/09/2011 4:41:08


"Dove è eguaglità non è lucro...
El comercio-se dice, por ejemplo-agrega valor a los productos, pues estos tienen más valor en manos del consumidor que en las del productor, por lo cual se lo debe considerar, en términos estrictos (strictly), como un acto de producción. Pero no se paga las mercancías dos veces, una por su valor de uso, y la otra por su valor de cambio. Y si el valor de uso de la mercancía es más útil para el comprador que para el vendedor, su forma –dinero resulta más útil para este que para aquél. ¿La vendería si no fuera así? Por lo tanto, también se podría decir que el comprador cumple en forma estricta un acto de producción cuando, por ejemplo, convierte en dinero los calcetines del vendedor de éstos."

Carlos Marx afirmó que él había sido el primero en darse cuenta de la doble transacción que implicaba cada acto de compraventa de mercancías, habida cuenta de que éstas eran ambivalentemente valor de uso y v. de cambio
. Infiérese que el interés sobre el valor de cambio recae sobre el productor, y el de uso, sobre el consumidor que final y mayoritariamente resulta ser el asalariado a quien previamente se le ha esquilmado con el "plusvalor". Este fue un hallazgo científico que resulta emblemático para comprender y reconocer el elevado grado de indefensión en que se halla el consumidor mediatizado por el dinero.

La perversidad subyacente del sistema capitalista y que le imprime su particularidad frente a los regímenes de explotación precedentes consiste en que de manera legal, pacífica y hasta de mutuo acuerdo entre vendedores y compradores (victimarios y víctimas mercantiles), ha sabido valerse de las necesidades fisio y psicológicas de los trabajadores, de la gente en general, para: 1.- ponerlos a trabajar con medios de producción "ajenos", a fin de que todos ellos produzcan los diferentes bienes satisfactorios de aquéllas, sin que estos les pertenezcan para nada, 2.- quedarse con una parte de la riqueza creada por esos potenciales consumidores en esas condiciones burguesas (plusvalía), y, como si fuera poco, 3.- condicionar el acceso individual de esa producción social a su canje por dinero, de tal manera que ningún trabajador podrá tener una apreciación real ni fidedigna del valor de la mercancía que le ofrezcan, y tiene que limitarse a pagar el precio (valor de cambio) de esta según las denominaciones monetarias y fiduciarias (del Estado) de su paga salarial. Vemos así, cómo el Estado convalida el interés burgués en desmedro del consumidor.

Es que el consumidor o demandante, como poseedor de
dinero, o valor de cambio genérico, forzosamente está limitado a cotejar el valor nominal de sus monedas y billetes con el precio de la mercancía en juego
, y, en cuanto a su valor de uso, se le considera un experto en el conocimiento técnico de cuanto compre por esa vía.

De esta manera se abre todas las posibilidades para que el precio del dinero del consumidor valga más que el precio de la mercancía adquirida, independientemente de que ese dinero de curso legal responda a monedas devaluadas frente a divisas fuertes e internacionales, o de que sea en metales febles o preciosos. Como recordamos, el consumidor terminará comprando y pagando la mercancía adquirida al precio que sea, porque la necesita más como valor de uso más que como v. de cambio. Este sólo sirve para el cotejo con el precio de las monedas que deberá pagar en cambio. En este sentido
, todo vendedor funge de chantajista, y de allí las especulaciones y desviaciones frecuentes entre el verdadero valor de cambio de la mercancía ofrecida y el valor nominal del dinero pagado por el consumidor demandante.

La transacción practicada por el consumidor con todos los detallistas es doblemente leonina: 1.- Como trabajador en la fábrica, sale convencido de que si él trabajó 8 horas diarias, estas mismas le fueron reconocidas y pagadas, cuestión que no es así. De esta manera, sale "acostumbradito" a entregarle al patrono más trabajo valor del que éste le reconoce en el monto del salario, aunque siga sin tener conciencia de ello. Y 2.- Con esta información subliminalmente inyectada en sus pensamientos, como consumidor, puede "pagar más por menos", habida cuenta de que el PIB (Producto Interno Bruto-ya sobrecargado por concepto de costes indebidos) está repartido en miríadas de fábricas que conforman el abasto de la cesta básica, mientras que los consumidores suelen conocer apenas de muy pocos de los bienes del mercado, y en consecuencia no podrían cotejar con propiedad cuánto vale en "valor trabajo" la mercancía necesitada con urgencia vital.

En resumen, cuando el consumidor se enfrenta al vendedor, objetivamente este le cotiza en términos de valor de cambio, mientras subjetivamente aquél lo aprecia en términos de valor de uso. Esta disparidad cambiaria, esta incoherencia e incompatibilidad mercantil, de partida, vicia la transacción de compraventa burguesa cuando la convierte en una trampa comercial que viene desde el mismo momento a partir del cual el mercado dejó de ser realizado por trueque y reemplazado por dinero, o sea, cuando el comercio experimentó el gran desarrollo que sigue recibiendo desde el siglo XVI.

Esa dificultad calculatoria que presenta el cotejo entre precio de venta al público y su equivalente en dinero del comprador rige para todos los consumidores indistintamente de que sean analfabetos, semianalfabetos, alfabetos y hasta con "piechedés (PhD.-sic). Semejante dificultad jamás la confrontó el productor de mercancías que realizaba sus intercambios mediante trueque, sin mediación dineraria alguna, ya que mediante el éste cada transaccionista tenía un claro conocimiento sobre cuánto esfuerzo costaban las diferentes mercancías puesto que todos los trabajadores solían ser multiproductores de bienes agrícolas y dominaban casi todos los oficios artesanales de su época.
Veamos más de cerca esas 2 transacciones paralelas: El fabricante vende un valor de uso con determinado valor de cambio, y éste es reconocido y enterado por el consumidor mediante su dinero de compra, aunque su motivación sea el valor de uso que soporta a aquél.

Así, el consumidor aparece como portador de dinero que es también un valor de uso, y a este canjea por el de la mercancía que compra. Hasta aquí se da una satisfactoria equivalencia entre valores de uso porque el vendedor no admitiría una moneda falsa ni el comprador un bien que no sea el que necesita y circunstancialmente adquiere. Esta operación de trueque entre valores de uso goza de aceptación plena para ambos transaccionistas: el vendedor recibe en monedas de curso legal por el correspondiente equivalente nominal del precio fijado para el valor de uso que está vendiendo, y el comprador, el bien que necesita y es el adecuado para su consumo final.
Pero hay más: Cuando el fabricante vende su mercancía lo hace para recuperar su capital dinero invertido a tales efectos, y además hacerlo con creces, con ganancia
, con plusvalorización. De esta manera, sin que todavía nadie pueda justificar científicamente porqué un inversionista puede sacar más dinero del mercado de lo que a este lleva, nos hallamos con una suerte de continuidad de la vieja doctrina mercantilista o monetarista, en el sentido de que en la simple operación mercantil de compraventa, con miras a acumular dinero, se halla toda fuente de riqueza, una concepción que aparentemente fue echada fuera de borda con los argumentos favorables al valor-trabajo que involucraba trabajo agrícola y t. artesanal, pero que, en realidad, a este valor-trabajo se le sigue irrespetado cuando se niega la producción de mercancías preñadas de plusvalía, y esta se la tribuye al mercado y no a la explotación salarial.

Digamos que, en el supuesto negado de que el mercado sea fuente de ganancia, y en parte lo es cuando señalamos las ventas ilícitas que hace con los medios de trabajo imputados en los costes de fabricación, entonces, sobre esa base meramente comercial debemos responder la siguiente pregunta: ¿quién paga la ganancia en el mercado, habida cuenta de que ella no existe al margen de algún financista, de un perdedor?, o responder esta otra pregunta: ¿a cambio de qué el capitalista recibe esa ganancia?, ¿se trata, acaso, de un donativo, de alguna premiación?
Los argumentos del riesgo empresarial, predisposición empresarial, etc., son argumentos deleznables que no resisten ni las más mínimas contraargumentaciones. Los trabajadores, pongamos por caso, pudieran exigir "plusalarios" por los riesgos que corren dentro de una fábrica, y los consumidores también podrían recibir pagas del Estado por los riesgos a que somete su vida en una sociedad que no ofrezca seguridad de tránsito ni sobrevivencia ante una delincuencia incombatible por el mismo Estado, cosas así.

viernes, 23 de septiembre de 2011


Fondo Monetario Internacional, Deuda Pública y Populismo

Este FMI no ha operado solito, sino con la anuencia y complicidad de gobernantes burgueses
Manuel C. Martínez M.


22/09/2011 6:31:15


Fue costumbre de la anterior república venezolana negociar la Deuda Pública Extranjera para obras que jamás se emprendieron ni realizaron en porcentaje alguno. Obviamente los intereses se causaban y el Estado pagaba o acrecentaba su deuda sin coto, control ni límite superior.


Como sábese, más que la decisión gubernamental municipal, estadal o estatal, para la realización o urgencia de obras públicas en dichas entidades, privaba el interés personal y burocrático de las comisiones corruptas por aquello de los regalos que comercialmente todo prestamista (vendedor) suele hacer a los responsables de estos compromisos nacionales, además de las posibles y siempre a la mano malversaciones de fondos públicos en los que suele incurrir la alta burocracia criolla, siempre reacia a la contratación de profesionales de primera y de comprobada probidad (los frecuentes desaciertos en el nombramiento de muchos funcionarios públicos tiene allí su mejor excusa).


La inocultable y reiterada discriminación burocrática o fobia a lo mejor del personal profesional y técnico del país se explica porque la mayoría de la alta burocracia nacional no ha provenido de gente muy educada ni preparada profesionalmente, que digamos. La todología ha sido práctica consuetudinaria en el ejercicio de gobierno, y esto data desde la tercera república cuando su primer Presidente, Jose Antonio Páez, llegó al poder con dotaciones más militares que intelectuales o académicas.



Se comprende que para esa época paecista no había tal exigencia, pero tan dañina costumbre política quedó sembrada, y hoy por hoy se llega a Miraflores por todo tipo de méritos menos por el de reunir formación universitaria o académica de comprobada eficiencia y eficacia, lo cual deja entredicho el ingente gasto que en materia de educación, desde Anteprimaria hasta Postgrados universitarios sigue realizando el Estado, razón por la cual sólo queda la explicación del populismo que, de paso
, vendría explicarnos por qué estos países se endeudan hasta para respirar mejor, y sin embargo la necesidad de estos empréstitos no cesa, y, al contrario, sigue creciendo sin límite alguno. De poco valen las exigencias legales acerca del grado académico exigido para ejercer, digamos, el cargo de Fiscal o de Juez, si es frecuente graduar bachilleres con máximas elasticidades políticas y al margen de estrictos controles de calidad profesional.


Digámoslo a los 4 vientos: En Venezuela llega al poder en lo Ejecutivo, Legislativo, Judicial, judicial
, moral y empresarial cualquier "cacho o cacha", porque aquí primero se es político que importante, y ejercida la burocracia se pasa a ser importante. Es ese burócrata chimbo y dtodólogo el encargadio de la contrata de la Deuda Pública Irresponsable que, con sobrado derecho, prestamistas como el FMI reclaman el pronto pago, aun con cargo al sacrificio presupuestario del país deudor y con perjuicio de sus habitantes.


El carácter "chimbo" de la Deuda Pública nacional venezolano, por ejemplo, jamás fue reconocido oficialmente; por el contrario, muy presumiblemente, años atrás el entonces Presidente Jaime Lusinchi le dio legalidad jurídica hasta las deudas contraídas por los municipios, no estando estos facultados para semejantes contrataciones. Se cree que el monto de la comisión recibida del acreedor le bastó a ese alto burócrata para comportarse muy honestamente el resto de su mandato, y por supuesto, dejar que los demás robaran, según el acuñado proverbio político adeco: "Con los adecos se vive mejor porque roban y dejan robar".


Ocurre, pues, que cuando un gobierno irresponsable decide canjear votos por compromisos electorales y a estos intenta cumplir mediante incremento de servicios públicos no suficientemente armonizados o que no respondan a necesidades reales ni emergenciales, sin prioridad alguna, cuando contrata arbitrariamente plantillas de trabajadores públicos innecesarios que sólo manguarean o cumplen funciones de supervisión política, entonces resulta lógico que sus Presupuestos nacionales, por ingentes que sean, empiezan a acusar déficit fiscales.


Es un hecho que la banca prestamista concede creiditos sobre la base técnica de estudios de ingresos y disponibilidades a fin de garantizarse profilácticamente la recuperación del crédito con sus respectivos y oportunos intereses causados. Populistamente, estos planes y condicionamientos fiscales se van a bajo por la misma irresponsabilidad de la que estamos hablando. Entonces, ese Estado recurre nueva y forzosamente al mismo prestamista en búsqueda d prórrogas, refinanciamientos, etc. Entonces el prestamista vuelve a hacer sus correspondientes estudios de seguridad financiera, de factibilidad crediticia y de viabilidad de la correspondiente recuperación del préstamo en cuestión.


Bancos como el FMI deciden entonces cuándo deberá pagar eñl Estado deudor, cuánto podrá gastar del Presupuesto Nacional, a qué tipo de servicios dará prioridad y o minimizará, recortará,. Cuáles servicios públicos deberá postergar o sacrificar. Hará lo que viene conociéndose periodísticamente como "el paquetazo fondomonetarista" que actualmente está volando por Internet, como es el caso griego y el de otros países con gobiernos no menos corruptos e irresponsables y populistas.


Por eso afirmamos, sin que esos prestamistas internacionales sean santo de nuestras devociones, que prestamistas como el FMI no son los malos de la película ni los únicos culpables de las desgracias sociales derivadas del ahogamiento fiscal que suelen aplicar esos prestamistas, afirmamos que buena parte de corresponsabilidad la tienen los gobernantes populistas que inescrupulosamente contrajeron semejantes créditos, con miras a mantenerse en el poder, ganar simpatías populares y sin el debido respeto por dichos votantes. Todo ello a sabiendas de que su paso por la alta burocracia es pasajera, pero su deuda popular tiende a ser permanente.

martes, 20 de septiembre de 2011

La Segunda Revolución Industrial ha Destruido la Competencia
La productividad del asalariado impide la proliferación de empresarios de menor giro

Manuel C. Martínez M.
19/09/2011 10:04:09

De entrada, así como no existe ningún proceso productivo concreto si no lo referimos a la estructura económica donde se lleve a cabo, es decir, si no identificamos y reconocemos su funcionalidad clasista entre, por ejemplo, burgueses y proletarios, capitalistas y asalariados, asimismo, tampoco puédese hablar sobre revoluciones industriales ni mejoras tecnocientíficas al margen de esas clases sociales.

El mejoramiento de la productividad de los trabajadores, asalariados hoy, ayer esclavos y siervos de la gleba, responde a una larga evolución científica y técnica experimentada por las fuerzas productivas en general. El tránsito del bastón al arado con tracción animal fue una extraordinaria y revolucionaria conquista agrícola, así como el salto de la manufactura a la industria moderna también lo ha sido y con un mayor grado de potenciación productiva.

Bien mirados estos asuntos económicos, mientras en los regímenes precedentes del capitalismo se fue incentivando el trabajo y multiplicando las plantillas laborales en este y aquel oficio, en esta y aquella profesión, en la misma agricultura y en las demás especialidades en los prolegómenos de la Revolución Industrial, mientras esa evolución marchaba, repetimos, el PIB de marras dejó de ser agrícola por excelencia para hacerse manufacturero e industrial. El monopolio económico del pensamiento fisiocrático cedió ante los extraordinarios aportes que empezó brindar la división de trabajo artesanal, y finalmente empezó a reconocerse que no sólo el agro era productivo y creador de riqueza para la nación, sino toda acción manufacturera. Se terminó entendiendo que el trabajo agrícola también era "manufacturero" en general y que los oficios no agrícolas también generaban riqueza. De estos hallazgos y reconocimientos dio cuenta el renombrado Adam Smith quien transformó la Economía de naturaleza Fisiocrática a la Economía de naturaleza burguesa.

Pero el reconocimiento del valor-trabajo, que vendría a igualar la importancia de trabajar la agricultura con la que empezó a gozar la manufactura (artesanías varias), no agotó el intríngulis del valor- trabajo, un problema que, por cierto, luego de sus buenos 160 años después de Carlos Marx sigue siendo, consciente o inconscientemente, ignorado, silenciado, negado, burlado o subestimado. El clásico J. B. Say admitió abiertamente que el mercado era fuente de ganancias aunque estas no estuvieran respaldadas por ninguna producción física de mercancía alguna. 

El arribo a las innovaciones técnicas de la gran industria, la armonización o maquinización de las herramientas, desbordó todo el potencial de riqueza material que caracteriza el trabajo y las demás fuerzas productivas. Decimos productivas en sentido metafórico porque, por ejemplo, los medios de y objetos de trabajo y la tierra en sí misma, sus acuíferos, su minas y afines, sí coparticipan en el proceso productivos, pero buena parte de sus aportes derivan de mismo trabajo previo de quienes han creado esa "segunda naturaleza" o modernas fuerzas productivas llamadas medios de producción a secas.

Yendo al punto de hoy: durante el presente capitalismo, a pesar de sus crisis y los especulativos pronósticos politiqueros que tanto abundan sobre su "inminente" acabose, las mejoras productivas de la mano de obra se han visto hipertrofiadas con el auxilio de los modernos medios de trabajo que siguen su carrera explosiva desde el siglo XIX. Con ayuda de estos medios se ha perfeccionado el manejo y acceso a los objetos de trabajo así como la producción de materias primas y auxiliares en general, al punto de que las tasas de plusvalía se han agigantado, de tal manera que, por término medio, en las grandes empresas automatizadas la recuperación del salario es casi instantánea, y el resto de la jornada es plusvalía neta.

De eso no hay duda, pero, aun así, la burguesía y sus magnates cuyas inmensas fortunas superan toda medida de atesoramiento, no termina por justificarlas, a pesar de que una parte de esas fortunas son declaradas ante el Fisco de sus respectivos países. El caso que venimos describiendo es que, por muy explotadores que haya sido, por ingente que haya sido el cúmulo de plusvalía arrancado hasta ahora, semejante riqueza debe tener una fuente complementaria más allá de la producción mercantil, ante lo cual infiérese que es el mercado, donde es traficado un sobrecosto de producción por concepto de depreciaciones de medios de producción, y específicamente de medios de trabajo.

Precisamente, la Segunda Revolución Industrial (SRI) ha sido la panacea de esta fuente alterna de ganancias, dados los levados costes de fabricación de los modernos medios de trabajo, además ocurre que por ese mismo elevado coste sus unidades son de valor y capacidad muy discretos, es decir, se trata de medios de trabajo con una potencial y gran capacidad de rendimiento o de ayuda a la productividad del asalariado que impone la permanente e intensa necesidad de mayor mercado. Estos elevados coste de los medios de trabajo impiden que los medianos y pequeños empresarios puedan adquirirlos, no tanto por falta de capital dinero que bien pudieran obtenerlo del capitalista financiero, sino porque sólo podrían aprovecharlos en una irrentable cantidad de su potencial productivo, ante las bajas colocaciones que el mercado podría permitirles. 

Es por todo eso que la SRI ha representado el freno económico más poderoso que ha detenido los ensayos competitivos mercantiles, y viabilizado las empresas mono y paramonopólicas que han reemplazado la añorada y obsoleta vida mercantil del muy sonado "libre mercado", figura, ésta, altamente ficticia y meramente referencial que jamás ha ocurrido después de que el dinero reemplazó la transacción por trueque. y sobre la cual hablaremos más adelante.

domingo, 18 de septiembre de 2011

La Estafa más Grande del Mundo



Revolución Industrial, Mercado, Estafa Capitalista, Precio y Ganancia Burguesa
Manuel C. Martínez M.

17/09/2011 18:21:17




"El producto total de la sociedad ((PIB)), y por lo tanto el conjunto de su producción, se divide en dos grandes sectores:

I) Medios de producción, mercancías que por su forma deben, o por lo menos deben entrar en el consumo productivo.

II) Medios de consumo,
mercancías que por su forma entran en el consumo individual de la clase capitalista y de la clase obrera.

En cada uno de estos dos sectores, todas las distintas ramas de producción que forman parte de él son una gran rama única de producción: los medios de producción para las unas, las de consumo para las otras. El conjunto del capital invertido en cada una es un gran sector especial del capital social.

En cada uno de estos dos sectores, el capital se divide en dos partes:
1) Capital variable
. En valor, es igual al de la fuerza de trabajo social empleada en esta rama de producción, y por consiguiente, a la suma de los salarios pagados por ella. Desde el punto de vista material, está compuesto por la propia fuerza de trabajo en acción, es decir, por el trabajo vivo que pone en movimiento este valor-capital.
2) Capital constante,
o sea, el valor de todos los medios utilizados para la producción en esta rama. Éstos se subdividen a su vez en capital fijo: maquinarias, instrumentos de trabajo, edificios, ganado de labor, etc., y capital constante circulante: materiales de producción (materias primas y auxiliares, artículos semielaborados, etc.).

El valor del producto anual total ((PIB)) fabricado con la ayuda de este capital, en cada uno de los dos sectores, se divide en un elemento de valor que representa el capital constante c consumido en la producción, y -cuyo valor se limita a trasladarse al producto-; y otro elemento de valor agregado a este por todo el trabajo del año. Este segundo elemento se subdivide a su vez en dos partes: la que repone el capital variable v anticipado, y el excedente de este capital que constituye la plusvalía pl.

Como el valor de cualquier mercancía en especial, el del producto anual ((PIB)), entonces, también se descompone, en cada sector, en c + v+ pl.

El elemento de valor c, que representa el capital constate consumido en la producción, no coincide con el valor del capital constante empleado en la producción. Por cierto que los materiales de producción se consumen en su totalidad, y por lo tanto todo su valor pasa al producto. -Pero sólo un parte del capital fijo empleado se consume por completo, y por ende su valor pasa al producto-. Otra parte del capital fijo, máquinas, edificios, etc., sigue existiendo y funcionando como antes, aunque con un valor disminuido por el desgaste sufrido durante el año. Esta parte del capital fijo, que sigue funcionando, no existe para nosotros cuando examinamos el valor del producto. Es una parte del valor-capital, distinta e independiente del nuevo valor-mercancía producido, y existe al lado de él.
Tomado de Carlos Marx,

El Capital. Libro II, Cap. XX, Subc. II. Los guiones me pertenecen, así como los paréntesis dobles.




En esos epígrafes se puede observar cómo ha venido imperando, dentro del apologismo capitalista, la taxatividad textual de las afirmaciones de Carlos Marx, a tal punto de que estas han sido asumidas por todos los calculistas de la Contabilidad Burguesa con el amparo de los economistas vulgares. Y han respetado, entonces, al pie de la letra, la teoría crítica de Marx sobre la Economía Política, a pesar de que, en paralelo, han matado, denigrado, ignorado, perseguido, silenciado, excomulgado, etc., a quienes nos hemos sumado fielmente a la ortodoxia marxista por considerarla una ciencia con todas de la ley. Nos consideran carteros que debemos morir porque traemos malas noticias epistolares.

Y así es cómo dan por hecho, con rigor científico aunque paradójicamente marxista, que el valor del uso consumido de los medios de trabajo debe cargarse al costo de producción, al Producto Interno Bruto (PIB), por así decirlo, y con ello al precio de venta.

Veamos este nuevo epígrafe, tomado de la obra citada, Libro I, Cap. XV, Subc. II:




"…si bien a primera vista, resulta evidente que la industria mecánica, al incorporarse la ciencia y las poderosas fuerzas naturales, aumenta de manera maravillosa la productividad del trabajo, es posible preguntarse si lo que gana por un lado no se pierde por el otro, si el empleo de máquinas economiza más trabajo de lo que cuestan su construcción y mantenimiento. Como cualquier otro elemento del capital constante, la máquina no produce valor, sino que sencillamente transmite el suyo al artículo al que sirve para fabricarlo. Así, su propio valor entra en el producto. En lugar de abaratarlo, lo encarece en proporción de lo que vale. Y resulta fácil ver que ese medio de trabajo característico de la gran industria es muy costoso en comparación con los empleados por el oficio manual y la manufactura.".

Las negrillas me pertenecen.




Por supuesto, la mayor durabilidad de las máquinas, en comparación con las herramientas de mayor sencillez, hace pensar que las alícuotas por concepto de depreciación cargadas al costo medio de producción son ínfimas, casi "gratis", pero el hecho es que al final de la vida útil de esas costosas máquinas, todo su valor ha sido cargado a los consumidores en el precio de sus compras. Valga la siguiente digresión:

Los capitalistas del sector II, de bienes de consumo, reciben esos recargos y se limitan a trasladarlos a su respectiva clientela, con lo cual, sin embargo, ven achicada su verdadera tasa de ganancia ya que su capital desembolsado se incrementa exactamente en el monto de dichos recargos.

Por cierto, ya el Economista clásico J. B. Say se dio cuenta de que las máquinas prestan el "servicio" de crear un valor que forma parte de la ganancia del capitalista, una afirmación que el clásico David Ricardo pretendió descalificar y que desafortunadamente Carlos Marx aprobaría . Inferimos que Say se refería a un valor de cambio comercial en la medida que venía siendo cargado como costo al precio de venta.
Bien, venimos insistiendo que una cosa es que el valor de cambio de los medios de trabajo deba imputarse al monto de la inversión necesaria para determinada producción de mercancías, y hacerlo independientemente de que su valor de uso vaya siendo consumido por el trabajador en funciones, e ir agotando su valor de cambio, y otra cosa es comprender que, ciertamente, ese valor de cambio reaparece sólo en la plusvalía, habida cuenta de que con la ayuda de esos medios de trabajo el tiempo necesario se acorta y en consecuencia se alarga el trabajo excedente que equivale a una mayor plusvalía, y con ello, a una mayor ganancia concretable en el mercado. De aquí la importancia de las "revoluciones industriales" con su ingente carga de medios de producción con grandes valores de cambio.

Ha habido una pesada confusión, reinante hasta ahora, que ha permitido al empresario imputar como parte del precio de venta el valor de cabio el de los medios de trabajo, en lugar de descontarlo de sus ganancias.

Observemos ahora cómo el propio Marx hace depender la tasa de ganancia de todo el capital fijo, además del resto del capital complementario: circulante y variable:

En nuestro trabajo recogido por "aporrea.org",

http://www.aporrea.org/ideologia/a120875.html,

vemos que la tasa de ganancia está calculada "convencionalmente", es decir, capitalistamente. De esa manera esta se achica porque la plusvalía o ganancia queda relacionada con todo el capital inicial (c + v), aunque el precio de producción (y así, el precio de venta) de la producción del año sólo reciba el monto de las depreciaciones a que hubiere lugar. Digamos que al capitalista le ha sido muy provechoso declarar márgenes de ganancia mermados. Aduce que se carga al costo de producción sólo una parte del valor de la maquinaria empleada, y que como el valor de uso original de ella se mantiene mientras tenga vida útil, entonces, el valor íntegro con que ese medio de producción entra a comienzo del año representa un capital inmovilizado que merecería (según criterio burgoapologista) derivar una ganancia como le asiste al resto del capital empleado y consumido en la producción del caso.
De semejantes aducciones se desprende una duda razonable: ¿cómo se justifica una misma tasa de ganancia para una capital funcionando a full capacidad que a media máquina o a un tercio de su capacidad? Si la ganancia procediera de la simple compraventa del capital inicial, no podría regir una misma tasa para un capital fijo plenamente usado que para otro apenas usado parcialmente. En el despejo de esta duda está presente la plusvalía que es independiente de un mayor o menor capital constante. Este capital sólo sirve para encarecer los costes de producción y, por supuesto, para que el trabajador use su fuerza de trabajo de la menor manera, productivamente hablando. En ese encarecimiento del valor medio de las mercancías (venimos deduciendo) le ha ido al capitalista buen aparte de su gigantesca riqueza acumulada hasta ahora, y riqueza que perfectamente, como vislumbró Say, procede del mercado y no del plusvalor que es sólo otra fuente alterna de ganancia.

La contabilidad burguesa considera consumido el capital variable v, a pesar de que este el trabajador lo produce y reintegra con creces, con plusvalor, mientras el resto de c de los medios de trabajo no participarían en la producción, sino en la parte de su desgaste como valor de uso, pero sí en la inversión como valor de cambio. Digamos que el sólo planteamiento del problema se halla tan viciado de contradicciones que ni el propio Carlos Marx pudo zanjarlas en su oportunidad, salvo que sí lo haya hecho en versiones literarias no llegadas a América y a las cuales desconocemos.

Pero hay más: el capitalista bien podría haber comprado más de una máquina necesaria para llevar a cabo el proceso productivo; que, por ejemplo, una de ellas la tiene como repuesto para emergencias. En este caso, mal podría considerar este repuesto como parte de su inversión, como mal puede seguir comprando máquinas con una sobrecapacidad productiva en cada año. Sin embargo lo viene haciendo, a sabiendas de que sus depreciaciones serán cargadas al precio de venta, o sea, que serían los clientes los que comprarían esos medios de producción, sin adquirirlos en valor alguno ya que, si bien son usados para producir determinadas mercancías, el capitalista no podría, sin ellos, aumentar su plusvalía relativa ni procesar tanto capital circulante como lo hace con su ayuda.
   marmac@cantv.net

miércoles, 14 de septiembre de 2011

Aunque el Mercado haya sido Fuente de Ganancia

Aunque el Mercado haya sido Fuente de Ganancia
A la Burguesía le convendría admitir que explota Plusvalía


Manuel C. Martínez M.
13/09/2011 

Hemos venido trabajando este tema. En "aporrea.org" están los soportes correspondientes a nuestros primeros ensayos. Entre otros:


http://www.aporrea.org/ideologia/a125977.html http://www.aporrea.org/ideologia/a126091.html htmlp://www.aporrea.org/actualidad/a126130.html http://www.aporrea.org/ideologia/a126177.html http://www.aporrea.org/ideologia/a126285.html http://www.aporrea.org/actualidad/a126339.html http://www.aporrea.org/ideologia/a126420.html http://www.aporrea.org/actualidad/a126593.html http://www.aporrea.org/ideologia/a126708.html http://www.aporrea.org/ideologia/a126767.html http://www.aporrea.org/actualidad/a126872.html http://www.aporrea.org/ideologia/a126899.html http://www.aporrea.org/ideologia/a127034.html http://www.aporrea.org/actualidad/a127105.html http://www.aporrea.org/tiburon/a127142.html http://www.aporrea.org/contraloria/a127188.html http://www.aporrea.org/ideologia/a127286.html http://www.aporrea.org/actualidad/a127353.html http://www.aporrea.org/actualidad/a127728.html

Hemos dicho que: "Cuando Carlos Marx asegura que el valor de cambio sobrevive a la destrucción o consumo del valor de uso de los medios de producción, lo hace sobre criterios contables que reinaban a la sazón, y hasta ahora siguen privando en el cálculo del precio de venta de las mercancías fabricadas con su utilización [1].".

Dijimos que: "Por otro lado, encontramos los valores de los medios de producción consumidos como elemento en el valor del producto, por ejemplo el valor del algodón y los husos en el de los hilados. Los valores de los medios de producción se han conservado, por consiguiente, mediante su traslado al producto.", así lo recogió Marx, según la nota anterior.

Una cosa es que el valor de cambio de los medios de trabajo reaparezca o se traslade al valor de las mercancía en la medida que su valor de uso vaya siendo consumido por el trabajo, y otra cosa es comprender que, ciertamente, ese valor de cambio reaparece sólo en la plusvalía, habida cuenta de que con la ayuda de esos medios de trabajo el tiempo necesario se acorta y en consecuencia se alarga el trabajo excedente que equivale a una mayor plusvalía.

Ha habido una pesada confusión, reinante hasta ahora, que ha permitido al empresario imputar como parte del precio de venta el valor de cabio el de los medios de trabajo, en lugar de descontarlo de sus ganancias.

Para dar cuenta de esas imprecisiones contables, evitar que los capitalistas sigan estafando a su clientela, y evadiendo el I S/R, es necesario observar la conducta del capital en su justa dinámica, porque hasta ahora los cuadros y fórmulas estadísticas manejadas por la Teoría Económica marxista y no marxista han sido estático-comparativos, y no han sabido recoger los cambios inducidos con toda la evolución tecnológica plasmada en mejores medios de trabajo.

Veamos:

I.-

C (100)+V (50)+pl (50) = 200, como valor de un PIB cualquiera, y para C=capital constante o valor de los medios de producción, V= capital variable o salarios, y pl= plusvalía o ganancia bruta. Aquí la tasa de plusvalía=100%, con una tasa de ganancia=33%.

I.1.-

Descompongamos el capital = 150 = C+V, en:

II.-

MT (50)+OT (50)+V (50), para MT=medios de trabajo (máquina, herramienta, energético, personal gerencia, policial, edificio, etc.), OT = objetos de trabajo (materias primas) y V = pagos de personal no gerencial ni contable ni custodios (salarios).

II.1

O sea, luego de cumplido el proceso productivo capitalista:

C (50+50)+V (50)+pl (50) = PTB = 200, para una tasa de pl = 100%

II.2

En esa fórmula II.1, suponemos que los MT en uso le permiten a los asalariados tener una productividad tal que consumen 100% de MT y OT (depreciación = 100%/anual), y de acuerdo con esta hipótesis, tenemos una correspondencia orgánica del capital (C/V) como sigue:

III.-

(MT + OT)/V. Esta composición orgánica del capital nos dice que, realizado el proceso de trabajo, V termina sumado a 50%MT +50%OT, para una tasa de plusvalía = 100% (I), es decir:

IV.-

V (50)+MT (25)+OT (25) = 100 = 50%PTB. La misma II.1 también nos indica que la pl termina sumada a 50%MT y a 50%OT, es decir:

IV.1.-

pl (50) +MT (25) + OT (25) = 100 = 50%PTB ͢

V.-

Ahora, supongamos que suba la c.o. (composición orgánica), que aumenta o mejora a MT, cuyo valor ascendería a MT (75), y que, como valor de uso, mejoraría la productividad de los asalariados, con lo cual V podría reducirse 50%, o sea, a V (25), y seguir usando y transformando tantos medios de producción como antes, es decir: reemplazo de mano de obra viva por máquinas y herramientas (trabajo muerto). Esta es una hipótesis que de momento trabajaremos, pero bien podríamos hablar de un mero incremento en el consumo de MT y de OT, para una inversión salarial constante (V50) que trataríamos más adelante, si fuere el caso.

V.1.-

En esa primera hipótesis, entonces, también debemos suponer que durante la misma jornada los asalariados consumirán un volumen mayor del valor de MT y transformarán una mayor cantidad de materia prima durante su tiempo de trabajo excedentario. La fórmula III pasaría a ser:

III.1.-

C(X)+ V (25)+pl (75) = (X+100), un nuevo PTB, como resultado de una nueva tasa de plusvalía = 300%.

Tenemos, pues, que determinar cómo y en cuánto se modificaría esa c.o., de tal manera que la nueva tasa de plusvalía aumentada en 200% permita descontar de la nueva ganancia el incremento hecho en MT y , por lo menos, seguir obteniendo la misma masa de ganancia anterior . Si eso es así, recordemos que los valores de V son relativos, expresan partes porcentuales de la jornada.

Damos por sentado que la productividad de V debe ahora ser superior, de otra manera no se justificaría el cambio de la composición orgánica del capital. Así, coherentemente, con la mitad de los trabajadores, ahora se podría, con ayuda de nuevos MT, transformar tanto OT como antes, y desgastar tanto MT como antes lo hacía el doble del personal asalariado. Cónfer: Carlos Marx, El Capital, Libro Tercero, Cap. XV, Subc. IV.

VI.-


Entonces, según datos de la III.1 ≈ (X)+ V (25)+pl (75) = (X+100), durante la fracción de jornada necesaria, V/25, se consumiría MT/50+OT/50, y durante el resto de la jornada excedentaria, pl 75, se consumiría MT/150+OT/150; eso nos da la siguiente composición del capital:

VII.-

C (200MT+200OT)+V25+pl 75 = 500, el nuevo PTB o capital buscado.

Esa fórmula VII nos dice que V25 reintegra o crea su propio valor, consume MT50, y transforma OT50 = 125C, y nos dice que pl crea su propio valor = 75, que consume MT150 y transforma OT150 = 375C. En suma, PTB’ = 500C’.

Bien, entonces, de la ganancia, o plusvalía en primera abstracción, = 75, no puede deducirse el incremento de 150 por concepto de MT, ni siquiera asimilando como ganancia de fábrica el ahorro que se logra en V = 25. Por el contrario, ase "perdería" 125. La ganancia neta, o plusvalía en segunda abstracción, quedaría = 100 – 150 = -50 que evidentemente resulta inferior a la anterior en 200%.

Un primer corolario sería: La maquinización no paga, salvo que al precio de venta se impute el valor de los medios de trabajo, pero esta salvedad, entonces, nos recoge lo que venimos afirmando, o sea, que en la Contabilidad Burguesa se calcula e imputa unos costes de producción que suponen una estafa al consumidor, que más es la riqueza lograda por este ilícito concepto que por razones de explotación de los trabajadores; que la ganancia sí ha procedido del mercado y en muy poco o nada de la fábrica (plusvalía). Como segundo corolario: A los apologistas del sistema capitalista bien les convendría admitir que los capitalistas sí explotan a sus trabajadores que seguir estafando a l consumidor, como lo vienen haciendo.

Tercer corolario:
Si bien es muy cierto que los medios de trabajo mejoran la productividad, sólo lo hacen en sentido general, pero, bajo el régimen burgués la mejora en la pl, en la ganancia burguesa, la logran los empresarios gracias a que valor de cambio de los medios de trabajo se carga al precio de venta, con lo cual, sencilla y cruelmente, viene cometiéndose una auténtica estafa de alto giro. Digamos que muchos empresarios, de tales tienen muy poco, pero sí mucho de pícaros, en tal sentido.