jueves 2 de febrero de 2012


Paradojas Capitalistas 
La pauperización de la clase media e "indignada" es inevitable


Manuel C. Martínez M.

01/02/2012 14:55:06

De entrada: Los llamados "indignados" de la Europa Occidental y de EE UU no son otros que aquellos proletarios que ideológicamente se han mantenido idiotizados con las promesas del individualismo burgués. En mentalidad se han comportado más anticomunistas que los mismos burgueses de alto peso mediático, a cambio de las diferencias salariales que les ha permitido llevar una vida más "digna" que el resto de los proletarios del mundo, particularmente de los eurasiáticos, africanos y mesosuramericanos; por eso hoy se muestran muy indignados.


Recordemos que esos dignos trabajadores europeos de ayer, hoy indignados, descienden familiar y clasistamente de quienes no se sumaron al proyecto socialista soviético. Por el contrario, asumieron una conducta bestialmente agresiva contra todo trabajador que mostrara simpatías con las ideas marxistas o de izquierda. Conducta similar han adoptado los llamados escuálidos de países como Venezuela donde, gracias a su apoyo, en estos países han reinado las famosas dictaduras mata gente que conocemos. La política betancurista y adecopeyana venezolana sirve de ejemplo en estas aseveraciones.


Para explicarnos cómo es que la alta burguesía euroccidental, representada en América por EE UU y Canadá, Brasil, México y hasta la misma Argentina, en Asía por Israel y en África por los racistas surafricanos, pretende hoy castigar económicamente a quienes han sido el segmento proletario que los ha apoyado en su negativa a la adopción de un Socialismo de remplazo, debemos ir al mercado burgués.


Resulta que el mercado capitalista, luego de crecer y ampliarse sin limitación alguna sobre la faz de la Tierra, tiene ya muchas décadas sufriendo conflictos de producción y venta, y estos han desembocado en crisis megasociales de la talla de 2 Guerras Mundiales, la segunda con armamento y matanzas atómicas.


Recordemos, además, que el capitalismo es un modo de vida dedicado a acumula riquezas para seguir acumulando riquezas. No es el estilo del modo feudal, caracterizado como estuvo de ser una sociedad consumista por excelencia, con un mercado inelástico en oferta y en demanda.


Porque es un hecho que el mercado burgués necesita inevitablemente crecer y crecer, y cuando está copado por industriales ya establecidos, estos necesariamente deben entrar en guerras destructivas, pero no maltusianas, sino fundamentalmente burguesas, sencillamente competencia burguesa. Por esta sola razón, agotados los mercados de consumo final, no le queda al sistema otra salida que la redistribución del capital variable, ese capital variable que viene empleado en la clase trabajadora, y que la intelectualidad apologista burguesa ha negado en su literatura vulgar.


Bien, como sabemos, la mayor parte de ese capital va a las manos menos creativas de riqueza. Fundamentalmente va a manos gerenciales, contables, asesoras, investigativas, policiales, militares, políticas o burocráticas, etc. Esta mano de obra, si bien trabaja mucho y es de elevada calidad tecnociéntifica, no aporta un ápice al Producto Interno de ninguna sociedad burguesa. Nos explicamos: la llamada mano de obra intelectual se ocupa sólo del mantenimiento y cuantificación del patrimonio burgués, de la riqueza creada por los aslaraidos que se hallan directamente involucrados en la transformación de la materia prima y de la manipulación de las máquinas y equipos correspondientes. Aquellos trabajadores "escuálidos", de aquí, e "indignados" de Europa, son conservadores de riqueza, pero no son los creadores de ella.


Seguimos: El capitalismo se ha dado cuenta de que, por ejemplo, el mercado ya no resiste que los proletarios verdaderamente creadores de la riqueza mundial sean quienes paguen con sus salarios los altos emolumentos recibidos por la clase que sólo conserva, cuida y cuantifica dicha riqueza, que en todo caso podrían ser los mismos burgueses, los patronos, o, más conveniente a sus intereses, que lo sea esa mano de obra no productiva.


Como se sabe, los altos ingresos salariales tienen un tope en materia de "cesta familiar", y de allí que sus beneficiarios suelan hacer ahorros que les permiten meterse a burgueses explotadores, con lo cual agrandan el mercado de oferta burguesa, sin contar con demandantes. El resultado es una clara agravación del conflicto intraclasista por el reparto del mercado local, nacional e internacional.


Como estamos ya infiriendo, el capitalismo ha decidido acortar los emolumentos de la mano de obra improductiva, es decir, reducir el ingreso de estos privilegiados proletarios, y, es más, ha optado por aconsejar a los gobiernos del mundo, entre estos a los suramericanos, para que reorienten partidas del gasto presupuestario dirigidas a los escuálidos y redirigir esas economías hacia el segmento proletario verdaderamente productivo que no es otro que el trabajador más humilde, menos escuálido y más alejado de la clase media. Por estas razones, la pauperización de esos indignados será inevitable.


De todo eso inferimos, de paso, que poco importa cómo se llame la política emprendida por los gobernantes que asuman esta nueva estrategia burguesa, si socialista, comunista, socialista de este o aquel milenio, lo importante es que contribuyan eficazmente con dicha pauperización porque sólo así se podría agrandar el mercado de consumo final. Estadísticamente, por ejemplo, con un salario de alta clase gerencial o investigativa se podría alimentar unas 20 familias, según el salario mínimo, para unos emolumentos de 30MM/mes, aproximadamente.
Ganancia y Tasa de Ganancia
El pequeño capitalista no se orienta por el grande, sino todo lo contrario

Manuel C. Martínez M.

30/01/2012 8:48:49

Periodistas deficientemente documentados, muchos Economistas de bajo perfil académico y los especuladores de la comunicación suelen afirmar que los vendedores de "cafecitos" ganan mucho dinero, que especulan y ganan a razón de varias veces 100 por cada 100 Bs.F. invertidos (Bs., o bolívares, para abreviar). Y eso es verdad, un cafecito de cafetines y afines dejan un margen de ganancia exorbitante, cuantitativamente hablando, pero se trata de mercancías de bajo monto, de bajo precio o de poco valor unitario en las ventas.


Efectivamente, si la ganancia global del cafetinero se redujera a esa alta tasa, digamos 500%, para un precio del café pequeño = Bs. 3.000, entonces, su costo sería de Bs. 500, salvando los demás gastos y demás mercancías. En consecuencia, para que por ese concepto este comerciante se redondee una ganancia, digamos Bs. 8.000 al mes, tendría que realizar ventas por Bs. 9.600/mes (unos 107 cafés diarios, aprox.), venta de la cual, pues, le quedarían Bs. 8.000 = 500% sobre el costo causado, como tasa de ganancia sobre esa inversión de Bs. 1.600/mes.


Eso significa que el cafetinero, realmente, tendría que vender varias veces ese valor de Bs. 9.600 para poder costear los demás costes constantes y variables involucrados en su negocio, y al final quedarse con los Bs. 8.000/mes, del ejemplo.


Ahora, en el caso de un vendedor de automóvil, cuyos costes de operación sólo se incrementan básicamente por concepto de inmuebles, con un (1) vehículo que venda al mes, para una tasa de ganancia, digamos, = 50% (900% menor que la tasa del cafetinero), levantaría sus buenos miles de Bs. /mes, para un precio del vehículo, sea este el caso, de Bs.100.000, o sea, tendría una ganancia de Bs. 50.000.


Con esos ejemplos, deberíamos tener claro que la tasa de ganancia particular, la de una mercancía o empresa, no son suficientes para medir con aproximada exactitud la rentabilidad mercantil de nadie. Una tasa de ganancia elevada no necesariamente significa elevadas ganancias. Pero, hay más, en el sistema capitalista, los capitalistas medianos y menores suelen emplear menos maquinarias y equipos que el empleado por la gran industria. En estos casos, es necesario conocer la ley de la distribución intraclasita de la plusvalía. Este tema se refiere a la explotación intraclasista, más allá de la explotación de plusvalía realizada por un empresario en particular.


Mediante el famoso "Problema de la transformación" de los valores de las mercancías en "precios de producción, Carlos Marx dio cuenta de la sobrevivencia de la alta burguesía no financiera. Ocurre que el gran capital dedicado a la fabricación y venta de mercancías suele operar con una alta composición orgánica de capital, esto es, con mucho capital constante y poco capital variable, poca mano de obra, relativamente. Esa sobreinversión en capital no productivo de riqueza alguna, se traduce en una pobre tasa de ganancia, lo cual desestimula su inversión, mientras que la industria mediana y pequeña lucen más atractivas porque en estas se genera una mayor cantidad de plusvalor. De resultas, los capitales se desplazan de un segmento a otro, las ofertas reaccionan adecuada y proporcionalmente, la tasa de ganancia se eleva en la alta empresa, y baja en las medianas y pequeñas. Al final y tendenciosamente se logra una tasa promedia para la masa global del capital invertido. Es esta tasa promedia la que debe tomarse en cuenta a los efectos de ciertas regulaciones estales, y del cálculo estadístico en general.


Esa tasa promedia de ganancia rige, pues, para todo el capital, independientemente de cada monto en particular. Un empresario de menor giro termina obteniendo la misma tasa del gran productor, y así resulta explotado en segundo grado, gracias al trasiego de parte del plusvalor creado en su pequeña industria y que va a manos del empresario mayor. Tal es la explotación de capitalistas entre sí, porque no se trata de una guerra o competencia entre empresarios afines en sus mercancías, sino de una guerra o competencia entre capitales de todo tamaño. Obviamente, siempre el capital mayor lleva la ventaja, y hacen mal u obran ingenuamente, aquellos pequeños capitalistas que suelen ponerse al lado del gran capital cuando surgen movimientos sociales antiburgueses.




 

 

 

 
La Renta Petrolera Desplaza la Plusvalía
La Economía venezolana burguesa es más mercantil que fabril

Manuel C. Martínez M.
20/11/2011 22:19:29

Cierto que a Venezuela se la identifica como una sociedad burguesa, o sea, una economía típicamente capitalista. Según esa apreciación, podríamos hablar de un Producto Interno Bruto fabril, de una renta nacional de la cual derivarían las demás rentas laborales y empresariales y tributarias, es decir, los salarios, los impuestos municipales y nacionales, los intereses financieros, la ganancia comercial y los dividendos fabriles.


Pero, bien miradas las cosas, desde hace más de 70 años, literalmente, Venezuela vive del petróleo; lo ha explorado con manos ajenas, lo ha recolectado con manos ajenas, entubado con manos ajenas, y lo exporta hacia otros países. Su valor en dólares mueve la economía nacional de la manera más parasitaria que pueda imaginarse, además de que la mayor parte de esos dólares retornan a los países clientes a los que se les vende este recurso energético.


No en balde las actividades comerciales y financieras ocupan los primeros lugares estadísticos en el Producto Interno Bruto. Alrededor de 50% de este PIB es alimentado directamente por la RP, y el resto lo hace indirectamente ya que las mayor parte de la demanda doméstica es efectuada por la burocracia nacional, con el gobierno incluido.


El caso más patçético se refleja en unasreservas internacionales que sólo garantizan pago de deudas y el país sigue cada ño dependiendo casi unilateralmnte de l recolección de este recurso natural. Sus presupuestos de Ingresos y Gastos tienen como piso monetario el ingreso petrolero, al punto de que la fuente del ingreso anual queda vinculado al precio del dçóalr. Este precio, durante los últimos 4 años ni siqueira responde a criterios objetivos, sino a una supuesta política prudencial ante los vaivenes sorpresivos que viene sufreindo el precio de este energ´tico que es el más demandado, más barato y menos riesgoso hasta ahora.


 

 

El Mercado Inmobiliario en Venezuela
Los bienes duraderos suelen ser acaparados, el

caso venezolano, de flamante tratamiento, es, sin temor a equivocarnos, un trascendente ensayo de gran envergadura.


Manuel C. Martínez M.

26/01/2012 18:37:58

Para nadie es un secreto que la vivienda forma parte de la anacrónica propiedad feudal que rezagadamente sigue imperando a lo largo del tiempo burgués. Hoy por hoy, la tenencia de tierra con viviendas y edificios ha sido el gran negocio de la clase burguesa, desfasadamente llamada clase terrateniente.


Se trata de un segmento de la burguesía que centra parte de sus inversiones en la compra, construcción, venta y arrendamiento de inmuebles habitacionales para uso familiar, comercial y fabril. Este tipo de mercancía goza del privilegio de ser inmune a la obsolescencia que es propia de la gran mayoría de los bienes. Por el contrario, este segmento de la alta burguesía se ha cuidado de darle una sobredurabilidad económica a los "bienes raíces", terrenos vírgenes y edificaciones en general.


Para nadie es un secreto que siempre ha sido motivo de "satisfacción académica" atribuirle a la propiedad privada inmobiliaria la cualidad de "estar exenta de depreciaciones". Por el contrario, estas mercancías han sido objeto de un permanente e inercial acrecentamiento de capital sin adición de nuevo capital por parte de su tenedor. El comerciante del mercado inmobiliario no corre riesgos, no contrata asalariados; su tipo de explotación es una mixtura económica de propiedad feudal con expresiones capitalistas. Es el gran negocio de la industria inmobiliaria, y arrendataria por excelencia. Rige a nivel mundial, y el caso venezolano, de flamante tratamiento, es, sin temor a equivocarnos, un ensayo de gran envergadura.


Es así cómo un dueño de inmuebles simplemente se convierte en un acaparador de oficio y en especulador nato, porque mientras fabricantes y comerciantes de calzado, por ejemplo, ven su mercado reciclado constantemente, según la durabilidad promedia de estos bienes, el vendedor y constructor de inmuebles lo hace una sola vez, los acapara para su "engorde", los vende sólo al mejor postor, que es decir subasta, o los arrienda de por vida. Como si fuera poco, cierra a voluntad unilateral toda opción de traspaso por compraventa, sencillamente porque para este capitalista su ganancia se deriva de la renta directa proveniente del inquilino, y se cuida de mantener acotada la oferta de viviendas mediante el acaparamiento de terrenos vírgenes, el freno de la oferta, a fin de mantener una creciente suba de precios en sus correspondientes alquileres y precios de venta, si fuere el caso. El extremo y la mejor prueba de este acaparamiento en defensa de los alquileres y precios altos se manifiesta cuando mantienen grandes extensiones de terrenos ociosos, así como de viviendas y edificios cerrados expuestos a su deterioro porque sencillamente, lejos de perder valor, supuestamente lo ganan mediante esa propiedad ficticia de ser bienes no depreciables. La literatura burguesa de Economía Burguesa es rica en estas nauseabundas s conceptualizaciones. Digresión: En las ciudades y periferias urbanas ha sido frecuente, con la alcahuetería más descarada de las Alcandías nacionales, el sacrificio de feraces terrenos agrícolas a favor de edificaciones, con lo cual acortan la oferta de alimentos o contribuyen a encarecer sus precios en una industria agrícola donde también suelen tener intereses capitalistas los mismos inmobiliarios que estamos tratando.


Es por ello que el capitalista de bienes raíces siempre se ha valido del Estado para garantizarse semejante abuso comercial. Es en este mercado inmobiliario donde el poder de la alta burguesía ha contado con gobiernos que no han pasado de ser simples administradores del patrimonio de la burguesía. La defensa del derecho de propiedad privada con rango constitucional va más allá de la simple propiedad privada sobre las mercancías de la "cesta básica", y por eso las legislaciones penales han dedicado más esfuerzos a la lucha contra el delincuente menor, el ratero y el ladrón de mercancías y dinero en efectivo, que sobre los ladrones de la propiedad inmobiliaria. Ciertamente, si en algo el capitalismo y la propiedad privada son un robo, es en el segmento de capital inmobiliario.


El llamado engorde del precio de terrenos y edificios ha permitido y factibilizado que muchos terrenos y edificios hayan permanecido ociosos durante siglos, mientras en paralelo, los buhoneros carecen de locales ad hoc

, trabajando en calles y aceras, y cientos de miles de familias han estado viviendo en ranchos o viviendas de mala muerte. Este ensayo venezolano, en honor a la verdad, es todo un reto económico contra una de las inversiones más vergonzosas y aborrecibles del capitalismo nacional y mundial.



 

sábado 31 de diciembre de 2011

El Permanente Desequilibrio Económico

El Permanente Desequilibrio Económico
Son especulativos los intentos por resolverlo

Manuel C. Martínez M.

30/12/2011 19:57:36


La solución de ese problema no está reservado a ningún régimen, ni su confrontación tiene porqué atribuírsele a ninguno de los sistemas económicos hasta ahora conocidos. El desequilibrio económico está inscrito en la propia dinámica del ser humano, del trabajador y su desarrollo durante su trabajo.

De entrada, decimos que cualquier Tratado sobre Economía debe centrarse en las provisiones para conservar el "desequilibrio económico", y no en evitarlo. Ciertamente, el desequilibrio económico aflora por primera vez en el sistema capitalista porque hasta entonces ni los costos de producción ni la contabilidad burguesa conocieron los cargos por concepto de "depreciaciones" ni de plantillas de asalariados. Los esclavos operaban y sus amos daban cuenta de su producción. Los siervos sembraban y cosechaban en tierras ajenas y muy poco necesitaban del intercambio mercantil. El comercio se limitaba al trueque y a las compra-ventas en ferias estacionales.


Sin embargo, si usted consulta los textos de Economía burguesa, todos ellos se plantean el equilibrio del mercado como el meollo de la ciencia económica. Cómo lograrlo ha ocupado la mente de numerosos Economistas. Todos ellos comienzan por reconocer la inconstancia de los gastos de inversión representados por los bienes duraderos o medios de producción como máquinas, herramientas, y afines, sobre la base de que los montos de las reposiciones varían permanentemente con arreglo a vida útil de unos medios más duraderos que otros, lo que obviamente provoca sobreinversiones o sobreempleos periódicos alternados con desempleos no menos cíclicos.


En esa literatura no se menciona la inversión por concepto de mano de obra como factor de desequilibrio, sino como víctima del mismo, razón por la cual jamás se hallará en aquella un hilo conductor que le guíe hacia el equilibrio en su mercado monetario. Es común en toda esa literatura hablar de escasez en un mercado que de partida produce sobrantes en unas ramas, y faltantes en otras, pero no porque el mercado así se lo imponga a la producción, sino todo lo contrario.


Esa literatura identifica la escasez, o el desequilibrio cuantitativo entre la oferta y la demanda, como una característica de la desarmonía natural que presenta la combinación entre medios de producción, y entre estos y la mano de obra empleada. Hay densos tratados sobre la contrata laboral, sobre la moderna tecnología con sus innovaciones y métodos organizativos destinados al logro de una combinación entre los factores de la producción que garantizarían un mínimo de faltantes o de sobrantes en tales cuales materiales, tales o cuales técnicos, tales o cuales máquinas y edificaciones, a fin de lograrse un máximo de ganancias y un mínimo de despilfarros.


Por su parte, la literatura alterna, la marxista, se nos presenta como antagónica frente a los intereses de la burguesía, razón por la cual jamás se podrá esperar de los economistas apologistas del sistema capitalista otra cosa que nuevos ensayos tendentes al reciclaje de la misma "problemática mercantil" aunque elevada a nuevos peldaños de conflictividad e inestabilidad económicas.


De resultas, todos esos consejos, tanto marxistas como capitalistas, han resultado de baja eficacia, las crisis sobrevienen y cada vez lo hacen con mayor intensidad. En tal sentido, podemos afirmar que de muy poco ha servido toda esa rimbombante y pletórica teoría Económica burguesa y antiburguesa. Nuestra Universidades menos ortodoxas debería limpiar sus existencias bibliográficas de una literatura que nos presenta el problema del desequilibrio económico como ajeno al proceso de producción, es atribuido al mercado y no a la verdadera causa, sobre la cual pasamos a presentar nuestras primeras consideraciones.


Este es el caso: Los trabajadores burgueses y sus familias son una variable cuyo desarrollo es inevitablemente ilimitado. Cuando Marx habló del desarrollo de las fuerzas productivas que probablemente darían cuenta de las desigualdades sociales, lo hizo sobre esa base. Brevemente, esto significa que ningún salario, por elevado que luzca, podrá satisfacer 100% las necesidades del trabajador durante mucho tiempo, habida cuenta de que a mayor confort de la familia, mayor nivel de exigencias, de necesidades y de su correspondiente cobertura con bienes de mejor calidad en el menor de los casos. Mejor calidad significa mayor costo de producción, y esto traduce mayores precios, menor poder de compra y nuevos desequilibrios salariales.


Eso explicaría porqué los empresarios procuran congelar los salarios a corto, mediano ya hasta largo plazos. Los contratos colectivos a 1 año, 2 años o más, evitarían las reprogramaciones de inversiones de capital. La mayor durabilidad de las nuevas máquinas persigue lo mismo, y con lo cual la contrata laboral y el empleo de medios de producción tiende a estancarse a la par de que el empresario acumula sin cesar.
 

 

Pero, además, recordemos que, bajo régimen burgués, todos los medios de producción son cargados al costo de producción, y de este se derivan los precios de venta al público. Los precios no se hacen en el mercado, salen de las fábricas y en este sólo se realizan. Salvedad hecha de las materias primas, el resto de esos medios son gastos del inversionista, representan las condiciones de producción que otrora le fueron arrebatados a los campesinos productores y artesanos de la Alta Edad media. Como tales, esos costos de inversión asimilados al costo de producción, al precio de venta, agregan dosis de "normalidad" para que el mercado se mantenga desequilibrado puesto que los consumidores terminan dedicando buena parte de sus salarios a la "compra" de unas inversiones que no les pertenecen. De esta manera las rentas del trabajador sufren constantes mermas en su poder adquisitivo, y lo cual es otra manifestación de desequilibrio estructural.


Con trabajadores cuya fuerza de trabajo, si bien es cada vez más productiva, se encarece con nuevas necesidades, los patronos deben reprogramar automáticamente y cada año nuevas inversiones por tal concepto sin esperar mayores y puntuales reclamos de parte de sus trabajadores. De esta manera ese patrono justificaría sus mayores exigencias de productividad, el encarecimiento de sus mercancías. El problema del desequilibrio desaparecería como si se tratara de nuevas contrataciones o aumentos del empleo. Por supuesto, mejores salarios con mayor calidad en bienes implican mayores exigencias de capital, este dejaría de estancarse, no habría presiones para darle empleo a la plusvalía acumulada, los conflictos laborales se minimizarían, y ya sólo quedaría el problema de la baja de la tasa de ganancia que, por lo demás, tampoco es un problema, sino una característica de un sistema que crea riqueza gratuita a favor de una clase que la usa más para seguir acumulando que para satisfacer las inevitables y crecientes exigencias salariales de una mano de obra en constante desarrollo personal y familiar.

 

jueves 1 de diciembre de 2011





Armonía, correspondencia y simetría

(La función decide la estética)

En lenguaje dialéctico, habríamos escrito: La materia deriva en pensamientos.

Tales tres condiciones, casi pares entre sí, son observables a menudo en muchos y variadísimos fenómenos cotidianos, y muy especialmente en utensilios, muebles e inmuebles que nos son tan familiares. Así tenemos las aspilleras o atalayas propias de los fortines y torres medievales. En estos espacios solía colocarse las fogosas armas de guerra, de tal manera que los soldados podían disparar y estar escudados al mismo tiempo. El caso es que esa configuración que tan simétricamente observamos con sus ventanas alternadas, justo en los bordes de los capiteles, fueron hechos necesaria y funcionalmente ondulatorios, y han terminado encantándonos con su arquitectónica belleza.

Tenemos así a los encantadores y bellos músculos femorales, particularmente los suaves, curvilíneos y delineados muslos femeninos. Si estos órganos de locomoción adoptaran otra configuración geométrica que no fuera la cónica regular, sino, digamos por caso, la cilíndrica, entonces, de locomotrices, tales extremidades pasarían a ser frenos para la caminata. Si no, pregúntenselo a quienes sufren de obesidad exagerada o a los pacientes de podálisis connatural.

Cuando vemos un piano de cola, no podemos menos que darnos cuenta de su forzosa triangularidad. Esta le viene impuesta por la funcional disposición de sus cuerdas, desde la más gruesa y larga hasta la más corta y delgada, que garantizan armoniosa, correspondiente y simétricamente la tonalidad in crescendo que se desenvuelve de graves a agudos.

Observación semejante debemos realizar con la estilizada y curvilínea figuras del violín, la viola y contrabajo.  Sus gargantas permiten máxima inclinación de los arcos puesto que de otra manea estos tendrían que limitarse a movimientos ligeramente horizontales respecto de las cuerda inviolucradas. 

Cuando los citadinos y "civilizados" usamos las hamacas o chinchorros para acostarnos y dormir, apreciamos que se trata de unas redes donde sólo podemos estar cómodos cuando adecuemos nuestras prendas de vestir a las ya obsoletas vestimentas de los primitivos indígenas que pioneramente las diseñaron. Efectivamente, resulta incomotísimo tener que estar desenrollándonos la camisa o reacomodarnos los pantalones o pijamas al menor de los movimientos que armonicen nuestra anatomía a la cóncava y elíptica forma que las caracteriza. Los guajiros, por ejemplo, con sus guayucos, tipo "hilo dental", se desenvuelven divinamente allí, en su antiquísimas y prístinas camas, por muchísimos que sean sus movimientos se subir y bajar.

Cuando arrojamos una piedra en un estanque de aguas en reposo solemos observar la formación de ondas simétricas y concéntricas que se forman alrededor del sitio donde dicha piedra haya caído. Vale la pena precisar si esas ondas responden a la forma geométrica original del objeto lanzado: si se trata de un cubo, pensamos que deberían formarse cuadrados paralelos, y si se trata de una forma triangular, de esta deberían ser también las ondas en cuestión.

La formación de arena y arenillas en las playas es bien conocida. Inferimos que tal formación arenosa responde al juego de fuerzas de impulsión y repulsión de las olas marinas y de las corrientes fluviales. En razón del volumen de los cuerpos rocosos arrastrados, estos son lanzados por el agua misma fuera del cauce del río a su paso , y estos cuerpos irán cayendo unos más lejos, y otros más cerca desde donde serían devueltos por el agua que gravitacionalmente regresa al cauce, y tiende a recuperarlos, aunque ya no volverán a su sitio de partida porque la fuerza de retorno es menor que la del impulso que los va colocando en las riberas del río. Digamos que la fuerza regresiva de las olas marinas va devolviendo hacia el mar aquellas piedrecillas que cedan a su impulso y en función de su peso y correspondiente volumen, de tal manera que los cuerpos menores logran ser menos afectos de la fuerza de retorno y van estancándose en las orillas de las playas correspondientes.

Tales son una muestra, a manera de avance, de cómo la funcionalidad precede la belleza, cómo los medios se adecuan a los fines y de cómo nuestro poder creativo debe ajustarse a los medios disponibles para la hechura de las obras que emprendamos.
Maquiavelo no deja de venir a nuestras mentes.

Manuel C. Martínez M.

77_11_01-KK3(01/12/2011 18:09:18)

 

martes 22 de noviembre de 2011

La Renta Petrolera Desplaza la Plusvalía Economía venezolana burguesa es más mercantil que fabril

                                   Manuel C. Martínez M.

20/11/2011 22:19:29

Cierto que a Venezuela se la identifica como una sociedad burguesa, o sea, una economía típicamente capitalista. Según esa apreciación, podríamos hablar de un Producto Interno Bruto fabril, de una renta nacional de la cual derivarían las demás rentas laborales y empresariales y tributarias, es decir, los salarios, los impuestos municipales y nacionales, los intereses financieros, la ganancia comercial y los dividendos fabriles, y hasta los fondos de capital para nuestro crecimiento.

Porque, si así fuera, hasta dispondríamos de capital propio y podríamos asumir actividades financieras internacionales. La experiencia desdice todo eso porque, bien miradas las cosas, desde hace más de 70 años, literalmente, Venezuela vive anquilosadamente del petróleo; lo ha explorado con manos ajenas, lo ha recolectado con manos ajenas, entubado con manos ajenas, y lo exporta hacia otros países. Su valor en dólares mueve la economía nacional de la manera más parasitaria que pueda imaginarse, además de que la mayor parte de esos dólares retornan a los países clientes a los que se les vende este recurso energético.

Nuestra pequeña clase burguesa y la jerarquía políticas y eclesiásticas han vivido con cargo al capital originario de los petrodólares o renta petrolera (RP), y como si fuera poco, Venezuela, lejos de rebajar sus necesidades de financiamiento extraordinario exterior, lo incrementa con periodicidad y constitucionalmente. Basta pasearse por el texto de la vigente Constitución nacional para verificar que tenemos una sociedad regularmente dependiente y prestataria de los grandes fondos financieros internacionales. Desde hace muchas décadas no se elabora un proyecto de Presupuesto Nacional de Ingresos y Gastos que no prevea el "endeudamiento público" con el cual cubrir- descaradamente- parte del crédito ya recibido.

Venezuela, más que un país capitalista es un cliente capitalista con un alto poder de compra derivado de su recolección de materias primas y recursos naturales energéticos
. Tanto vive de la RP y sigue siendo el Estado el magnífico empleador que hasta los salarios son fijados al arbitrio y capricho del Presidente de turno, hecho que se viene cumpliendo religiosamente los primeros de mayo de c/año. El tupé de los gobernantes conocidos se ha desbordado cuando inicia una lucha frontal contra el empresario privado en un intento por, en algunos casos, nacionalizar la poca empresa privada que ha operado con capital propio, y en otros casos más "revolucionarios", dar saltos hacia un supuesto Socialismo sin pasar por el capitalismo que, como sistema, reafirmamos, no ha sido precisamente el modo de vida predominante en nuestra sociedad. 

No en balde las actividades comerciales y financieras ocupan los primeros lugares estadísticos en el Producto Interno Bruto. Alrededor de 50% de este PIB es alimentado directamente por la RP, y el resto lo hace indirectamente ya que la mayor parte de la demanda doméstica es efectuada por la burocracia nacional, con el gobierno incluido.

Por esa razón, hablar en Venezuela de explotación capitalista no es muy profesional porque la participación del sector no petrolero carece de vida autónoma, no crea su propia demanda, esta deriva del ingreso petrolero, sobre todo desde los años 40 del siglo pasado cuando se importó la conseja keynesiana de ayudar a un empresarios carentes de capital propio e incipientes en materia de producción fabril industrial. El capitalismo mercantil ha sido el fuerte de esa modalidad económica.

Desde ese entonces
, el Estado se ha volcado hacia gestiones nacionalizadoras, al punto de que sus presupuestos nacionales suelen dividirse en "gastos sociales" e "inversiones". Este hecho sirve de estriberón al empresario privado para alimentar sus apetitos lucrativos, poco le ha importado sus pésimos niveles de productividad ni la calidad de su menguada oferta. Súmese a esto que el Estado se ha mostrado muy elástico en cuanto al facilismo crediticio, y las frecuentes condonaciones de los pasivos empresariales ha beneficiado frecuentemente a un empresariado tartufiano que a tales efectos no se hace esperar. Así como EE UU socorre su banca privada, aquí el Estado socorre a los capitalistas privados y en paralelo y contradictoriamente luego quiere someterlos con leyes y reglamentos que frenan el ejercicio capitalista, libérrimo por excelencia. Este, como sabemos, sólo funciona con máximas libertades, incluidas las especulativas que sólo controla su correspondiente clientela.

El caso más patético se refleja en unas reservas internacionales que sólo garantizan pago de deudas y el país sigue cada año dependiendo casi unilateralmente de la recolección de este recurso natural. Los impuestos, por ejemplo, son parte de la misma renta ya trasegada al contribuyente. Los presupuestos nacionales de Ingresos y Gastos tienen como piso monetario el ingreso petrolero, al punto de que la cuantía de la fuente del ingreso anual queda vinculada al precio del dólar. Este precio, durante los últimos 4 años
, ni siquiera responde a criterios objetivos, sino a una supuesta política prudencial ante los vaivenes sorpresivos que viene sufriendo el precio de este energético que es el más demandado, más barato y menos riesgoso hasta ahora.

Prueba de que esta sociedad no ha sido capitalista en términos marxistas, de que su plusvalía ha sido mínima, es que los trabajadores venezolanos de los últimos 70 años, sus asalariados, han venido disfrutando de unas relaciones obreropatronales reguladas por el Estado, desde su jornada, como su salario mínimo, vacaciones, prestaciones sociales, etc., privilegios que ya quisieran los aslariados de las sociedades europeas disfrutar para sí.